[Critica al dogmatismo]: El renacer del anarquismo y su renovación.

Por Kontra Konducta

Hace unas cuantas décadas en la región chilena y en el mundo en general, con la caída del muro de Berlín y los socialismos reales, y también con una reinvención del capitalismo y las formas de dominación (la globalización y el neoliberalismo rampante) experimentamos un acelerado “renacer” del anarquismo, inesperado hasta para los más esperanzados veteranos ácratas.

Renacer que por cierto también significó una re-estructuración y renovación del mismo, una nueva forma de entenderlo y practicarlo a la luz de nuevas formas de dominación y por tanto, nuevas formas de lucha.

Lo que uno puede aprender de la observación y praxis, y a partir de lecturas como “Anarquismo es movimiento” de Tomás Ibáñez, es que en realidad es bastante contradictorio hablar de una “esencia” inmutable y perecedera del anarquismo. El anarquismo fue evolucionando y creciendo a raíz de sus prácticas, de sus experiencias, desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX; y lo importante aquí es que no existe una predeterminación ideológica con la cual actuar sobre la realidad, sino que sus mismos postulados fueron cambiando a raíz de las experiencias, de sus prácticas políticas, aciertos y errores. Los postulados anarquistas desde los clásicos se basan, en su mayoría, en observaciones de la realidad –sean estas correctas o erradas-. Y nuevas formas de lucha, postulados, estructuras organizativas y prácticas se fueron generando con la experiencia, y no desde los escritorios como buena parte de los intelectuales marxistas.

Dicho esto, evidentemente el anarquismo que se configuró desde los 90 hasta nuestros días no podía tomar las mismas formas organizativas, los mismos postulados, el mismo proyecto político y las mismas prácticas que el anarquismo cristalizado entre los años 40 y 70 (exceptuando pequeños puntos de fuga como el mayo francés del 68). Como tampoco los practicantes de la idea, los anarquistas, podían ser los mismos. En los 80 el sujeto social que constituyó el anarquismo fue principalmente la juventud (universitara, punk, marginal, pero juventud al fin y al cabo). En general muchos movimientos contraculturales y populares juveniles nutrieron el anarquismo, y ya no la clase obrera y el campesinado, que estaba en un largo letargo del cual no parecen querer despertar.

Bueno, nuestros compañerxs guardianxs del portal al parecer tampoco querían despertar. Siguieron cacareando con el anarcosindicalismo, la clase obrera y la lucha de clases, como si estas fueran extemporáneas y no se pudieran entender como una forma organizativa, un sujeto oprimido/explotado y una lucha más, igual de importantes que otras formas de organización, sujetos oprimidxs y luchas que se dan en paralelo.

Imagen extraida de Acción Directa, Segundo Semestre 2007.

Imagen extraida de Acción Directa, Segundo Semestre 2007. “¿Por que los anarquistas rechazamos la plataforma?

Se olvidaron, por cierto, de las polémicas generadas en torno al “anarco-sindicalismo” de Rudolf Rocker, y que uno de los tantos clásicos del anarquismo (uno de los menos ortodoxos y más adelantados de su época, Errico Malatesta) polemizó en torno a la idea de que se centrara en los sindicatos el trabajo político de los anarquistas, dado que consideraba la estructura del sindicato y los fines que perseguía de por sí como reformistas y cortoplacistas, además de tener en cuenta que cuando las estructuras sindicales se fortalecen y crecen en número, tendían a burocratizarse y orientarse hacia la socialdemocracia conciliadora (Léase “17.- Los anarquistas y los movimientos obreros”, ubicado en el Cap. IV de la compilación de escritos de Malatesta que realiza Vernon Richards). Así, es un enorme error histórico cometido por muchos anarquistas (esos que se llaman a sí mismos “organizados”) decir que en los viejos tiempos “el anarquismo era principalmente anarco-sindicalista”. Anarquismo con vocación sindical o en su defecto con vocación obrera (que era inevitable hasta para el movimiento autónomo anarquista estadounidense –que era bastante numeroso- de fines del siglo XIX y principios del XX) no es lo mismo que “Anarco-sindicalismo” en sentido estricto, y de sus estructuras sindicales como la CNT, CGT, CNT francesa, SF inglesa, etc. Es cosa de ver que la F.O.R.A. Argentina no se califica como “anarco-sindicalista” a pesar de estar adherida a la AIT. Es cosa de darse cuenta, también, que a principios del siglo XX existían anarquistas críticos de las estructuras sindicales, y que en el caso norteamericano se oponían a la adhesión irrestricta de los anarquistas a la IWW, e inclusive consideraban la lucha obrera por fuera de estructuras como los sindicatos –véase el caso de Sacco y Vanzzeti-

Tampoco pudieron entender la disolución de clase, o el hecho de que ese sujeto oprimido/explotado que hegemonizó buena parte de las luchas hasta los años 50, en estos tiempos ocupa un rol bastante marginal en una diversidad de luchas y expresiones contrahegemónicas que se dan por fuera (dentro de lo posible) y en contra del poder.

No pudiendo entender todo esto, tampoco aceptaron que La Idea evolucionara, se re-estructurara, o inclusive derribara viejos pilares y sufriera procesos de deconstrucción. Sus lecturas del período eran similares a las lecturas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. No podían entender la necesaria crítica del insurreccionalismo a las monolíticas formas organizativas del federalismo, que en el caso italiano –la F.A.I.- lleva casi 100 años siguiendo lógicas muy similares. Tampoco entendieron cuando el insurreccionalismo realizó una crítica al método sindical y colocó a lxs presxs como un sujeto oprimido/explotado igual de importante que los demás, y de la mano, la necesaria destrucción de las cárceles como forma de dominación y control. Por mucho que podamos criticar las prácticas catalogadas de “insurreccionales” hoy en día en la región chilena –cosa que también hago-, no podemos olvidar su origen histórico como una fisura dentro de las estructuras monolíticas y avejentadas del anarquismo; los “insurrectos” (que tanto vilipendian algunxs del “anarquismo social” y “anarquismo -autodenominado- organizado”) fueron quienes rescataron innovadoras formas de organización como los grupos de afinidad, quienes criticaron –pero esta vez eran gente de la calle y no anarquistas de universidad- la teleología y el esencialismo del anarquismo añejo; quienes impulsaron, sin esperar el somnoliento “apoyo de las masas”, las luchas contra las centrales nucleares y las bases militares de misiles a mediados de los 80 en Italia. Sin embargo, ese anarquismo hipócrita y avejentado celebra un Ramón Ramón Zcuart y su acción contra Silva Renard, pero vilipendian a lxs insurreccionales que atacan a los empresarios en Italia y que en México, en estos últimos meses del 2014 y principios del 2015, se han arrojado con todo en medio de una crisis política que hace tambalear el régimen. Yo puedo mantener diferencias con lxs compañerxs, pero jamás voy a dejar de verlos como tales, son compañerxs dentro y fuera de la cárcel; y si tienen una visión y uso de la violencia distinto al mío, no tiene por qué incomodarme: Comulgaremos en algunas cosas, discutiremos en otras tantas, pero esa guerra visceral entre anarquistas “a”, “b” o “c” no va conmigo.

Siguiendo con el tema que nos convoca, los “guardianes del portal” no aceptaron las críticas a ese anarquismo de antaño que era, querámoslo o no, mayoritariamente homofóbico, patriarcal, heteronormado y machista. Muchxs podrán apelar a que fue menos homofóbico y machista que el marxismo; si bien esto es cierto, no justifica que en un ideal basado en la libertad existan formas de dominación ni ejercicio de autoridad.

la-voz

La Voz de la Mujer fue el primer periódico anarcofeminista y feminista de la Argentina. Fue publicado en Buenos Aires entre 1896-1897 y en Rosario en 1899.

Recordemos por un momento al periódico “La Voz de la mujer” a fines del siglo XIX en Argentina, que agrupó a una serie de mujeres bajo el ideal anarco-comunista. Las compañeras se resistieron al embate de un montón de anarco-machistas que querían seguir conservando sus privilegios, que veían su feminismo como un feroz ataque interno que debía cesar. En general, suponer que una persona por el hecho de ser anarquista y amante de la libertad es homologable a un anarquista modelo sacado de las películas y los historiadores romanticistas es un rotundo error: Esa lucha por la libertad muchas veces se tuvo que enfrentar a aquellos que decían ser portadores de ella; la lucha contra la heteronorma y el patriarcado, que aún se da en el seno del anarquismo, es una tensión constante que intenta desbaratar las estructuras de dominación, donde estas se encuentren o se camuflen.

“La innovación no pasa ya por los partidos, los sindicatos, las burocracias, la política. Ella depende ahora de una preocupación individual, moral. No se pide ya a la teoría política que nos diga lo que debemos hacer, no necesitamos tutores. El cambio es ideológico y profundo.” (M. Foucault, 1978)

Y es aquí importante retomar los aportes propios del post-estructuralismo, que querámoslo o no, influenció e influencia hoy en día a una diversidad de corrientes del anarquismo. Uno de los aportes que hacen post-estructuralistas como Foucault es comprender la fuerza con que ha imbricado en el tejido social el poder; Foucault no entiende el poder a la manera anarquista tradicional, bakuninista, de abajo hacia arriba (abajo lxs explotadxs y oprimidxs sin poder contra lxs de arriba: el poder del estado/capital y todxs sus representantes); sino más bien comprende que el poder está presente y prolifera de tal forma en el tejido social que es imposible escapar de él, o intentar no reproducirlo en las relaciones cotidianas. Así, el poder también se engendra “ahí abajo”, y también funciona como poder normalizador, como norma. No hay necesidad de que una sociedad tenga una legislatura claramente patriarcal y heteronormada para que estas estructuras se reproduzcan y proliferen en el seno del tejido social, sobre todo en el núcleo familiar y en las relaciones sociales y amorosas.

Por otra parte, hay otros elementos importantes de la modernidad que fueron superados (no necesariamente en la “posmodernidad”), pero que al parecer los nuevos grupos neo-leninistas (trotskistas, estalinistas, guevaristas latinoamericanos) y la tradición anarco-sindicalista/ anarco-comunista niegan a reconocer.

Lo primero tiene que ver con el postulado esencialista occidental, postulado que lleva milenios desde la antigua Grecia hasta el marxismo y anarquismo clásicos y más allá. Dicho postulado afirma la existencia de una “esencia” humana que se encontraría en todxs nosotrxs, una suerte de “naturaleza humana” inmutable e igual para todxs. La ilustración añadió su resto: Hay circunstancias que no dejan liberar nuestra esencia humana. Así, no es que nosotrxs por “naturaleza” seamos tacañxs, “egoístas”, consumistas, reproductores/as de la autoridad; sino que hay una forma de poder “allí afuera” que nos obliga a ser de la manera que somos, que no nos deja ser como realmente somos; y claro, todxs somos iguales por dentro: somos “solidarixs”, “colectivistas”, “sencillxs” y “libertarixs” por naturaleza. El hombre/La mujer nacen libres pero viven encadenadxs.

Este postulado esencialcita, por mucho que se tome desde su perspectiva “libertario-positivista” (Kropotkin y su supuesto de que la anarquía se encuentra en la naturaleza humana y avanzamos inevitablemente hacia ella en la historia), tiene su dejo de autoridad: Hay una esencia humana que liberar, esa es la esencia humana y no hay más, el resto es la corrupción del poder (últimamente estos anarcos y marxistas religiosos le llaman “moral burguesa” o “pequeño-burguesa”) que por supuesto, es anti-natura. Entonces, deberá llegar esa “vanguardia moral” como menciona Ricardo Mella, a liberar las consciencias, a convertirlos al bello ideal anarquista que palpita dentro nuestro, porque lo que hizo Bakunin y Kropotkin fue evidenciar las leyes del orden natural. Así, nosotrxs lxs liberamos porque partimos del supuesto que la única forma de ser libre es siendo anarquista (qué pensamiento más leninista y asqueroso).

Aquí ocurren dos formas de coerción bien claras: El sujeto no tiene la capacidad de reinventarse y repensarse a sí mismo; es decir, hay una esencia humana y no hay más, somos esclavxs en cierta medida de esa esencia, por mucho que la esencia sea “ser libres”, sería estar condenadxs a “ser libres”. Por otro lado, hay quienes que por su formación en el frondoso árbol del socialismo, y sus prácticas políticas desde un sindicato hasta una okupa, funcionarán a la manera de “guías espirituales” para liberarnos, ideologizarnos y reclutarnos en el ejército de la anarquía, en alguna organización sectaria de 15 personas que cada día crece más, y que forman a cada militante según el parecer de lxs veteranxs que conforman dicha secta. Por mucho que el resto de la historia no se cumpla y terminemos siendo anarquistas, pero no ingresando a sus sectas, de todas formas hay un/a liberador/a y un/a liberadx, un proceso de instrucción y formación (sea este formal o informal, estricto o relajado). El/La anarquista o lxs anarquistas guías nos moldean a su manera, no hay una forma autónoma y ajena al poder de “liberarse” (si es que esta mierda es liberarse). Además, hay una jerarquía del conocimiento: yo se que tu eres esclavx pero tu no lo sabes, yo te puedo enseñar el camino que tu desconoces; aquí está la receta, sigue mis pasos.

Quizás, y aunque parezca contradictorio, el hecho de ser anarquista signifique reproducir la autoridad de cierta forma; porque todxs, de una manera u otra, intentamos comunicar e internalizar en otrxs la idea: Lxs más insurreccionales, quizás, se calificarán de antisociales, diseñarán afiches incendiarios incitando a la violencia política individual, apelando al mundo juvenil y punk; mientras el anarquismo social será más moderado, intentará entregar un mensaje más claro para aquellos que no son tan afines a La Idea, sus comunicados y afiches irán dirigidos a lxs pobladorxs, vecinxs, trabajadorxs, estudiantes, etc. Sin importar a que sujeto social vaya dirigida nuestra propaganda, nuestros foros, nuestros libros, nuestros espacios, inclusive nuestros pequeños y embrionarios proyectos educativos, nosotrxs actuamos como liberadorxs y ellxs como liberadxs; y siempre habrá un camino medio, introductorio, que contradiga la sinceridad de nuestras intenciones ¿o acaso un insurreccionalista o anarquista social se dirige de la misma manera a un niño punk o a una vecina que a un/a compañero/a cuando habla de anarquismo?

Lo que busco con este texto no es invalidar formas de lucha ni asumir que estamos perdidos y ya no queda otro camino que la pasividad o el suicidio colectivo; lo único que quiero es tensionar ciertas cosas que nos pueden parecer obvias, claras y sin problemas evidentes. Me he fijado con el tiempo como compañerxs crecen a imagen y semejanza de las okupas, centros sociales, culturales, y colectivos en que se formaron por decisión propia; también me he dado cuenta con horror, en charlas y debates, como jóvenes militantes repiten el mismo discurso que los veteranos sin darse cuenta; y como toman partido por sus ideas como si fueran la única y sagrada verdad.

Asumamos, por un lado, la imposibilidad de esa liberación total, al menos en vida; asumamos también que, creamos o no en ese día sagrado en que llegará la revolución mundial, y más encima anarquista, o creamos que la insurrección es ahora y nos lancemos al “ataque” (aunque en realidad no se si el Banco Santander considerará un “ataque” que le destruyan un par de ventanales y un cajero de una sucursal, entre las cientos de miles que tiene por el mundo), de todas formas un pequeño espacio de libertad total no existe ni puede existir; a lo más, tenemos nuestros pequeñitos espacios de resistencia –y eventualmente de verdadero ataque- que intentan estar lo mejor posible por fuera y en contra del poder; en pocas palabras, intentan ser lo más “libres” posibles. Pero libertad como vaca sagrada, libertad como conquista total, no existe. Que existan ciertos anarquistas que consideren la libertad como una acción violenta e individual, es otra cosa.

[No quiero ser el cultor de la verdad ni señalar qué es libertad; pero al menos esa definición de libertad total como ausencia de poder y autoridad, y por lo tanto, la realización de nuestras vidas en un espacio/tiempo sin imposiciones más que las naturales e inevitables, no creo que pueda existir en cualquier territorio que hoy en día es dominado por el capital global, la mercancía y los estados nacionales –colonias-]

Y aquí hay otra crítica que asoma por buena parte del pensamiento contemporáneo: la negación y superación de la escatología y la teleología.

Muchas veces el ideal anarquista ha revestido una cierta religiosidad, en algunos momentos históricos se ha vuelto una pesadilla judeo-cristiana, en otros ha estado más soterrada; pero al parecer hoy en día se está extinguiendo poco a poco, para bien de los mismos anarquistas.

Por un lado está el pensar que el anarquismo es el ideal universal y por lo tanto, todxs debiesen ser anarquistas, el anarquismo debería funcionar en todos los casos donde lo apliquemos -¿no está acaso en la naturaleza humana, no forma acaso parte de nuestra “esencia”?-. En el fondo, es pensar que el anarquismo es la alternativa futura y punto. Ese intento tan ilustrista de subjetivación, que impone la subjetividad de la ideología a una supuesta “consciencia universal” colectiva, dando toques de idea totalizante que es aplicable a todas las realidades y contextos, a todos los individuos que componen la humanidad, simplemente me parece una gran mierda marxista. No todos van a ser anarquistas y creo que, en contextos muy acotados, quizás en la España del 36 o en la Italia de mediados de los 20, representaron cierta “mayoría” relativa.

Ahora, también el thelos se evidencia en un fin programado de la historia y de la humanidad; no importa que sea o no sea materialista histórica la visión de los anarquistas de la revolución y los procesos históricos para que siga siendo una mierda: Hay quienes sacrifican el presente por un futuro que nunca llegará, o al menos, quizás llegue de manera muy parcelada en ciertos territorios insignificantes. El mensaje para mi es bastante claro: Sí, hablemos y practiquemos el comunismo –libertario-, hablemos y practiquemos la anarquía, pero ¡AHORA!. No pienso sacrificar el presente en nombre de un futuro que es incierto y dudo que pueda llegar; los famosos “procesos de acumulación” no pasan de ser falacias marxistas: Un reajuste del poder y ¡paf!, a la mierda todo el proceso de acumulación.

Evidenciemos, de una vez por todas, que estamos y estaremos en desventaja. Esto no implica asumir ni el reformismo ni el pacifismo, sino que re-pensar la anarquía ahora ya, no como una realización universal, sino como una eterna actividad diminuta y precaria, que necesita de coordinación, articulación, proyectos, amplificación de capacidades y diversificación de prácticas, necesita de una autogestión de nuestras capacidades materiales en este preciso instante; ese mañana glorioso no llegará y no le prometamos ese idilio a los que ingresan a estos círculos cerrados y herméticos de anarquistas. Primero, rompamos estos círculos que constriñen el libre flujo y acceso de gente, que genera un lenguaje obstruido e ininteligible para quienes no forman parte de nuestra secta; hagamos que el ideal y las prácticas se aireen y diversifiquen, aprendamos también de lo que está fuera del anarquismo: la radicalidad de grupos artísticos antisistema, los movimientos espontáneos y de corta duración que giran en torno al conflicto social, el lumpenaje secundario que barre con todo, la disidencia sexual, el movimiento queer, el feminismo radical y la apertura que generó a nuevos focos de conflicto contra el poder, para así ponernos en el lugar del que no es anarquista (y, sin embargo, hacen mucho más que nosotrxs). Y entendamos que, si es por reproducir a la autoridad, lo hacemos todxs: Nosotrxs y el lanza de la esquina, nosotrxs y el taxista, nosotrxs y la nana que trabaja en el barrio alto; y quién sabe si hasta un proletario pueda tener una actitud y comportamiento más deleznable que el mismo burgués –perdóneme la ortodoxia anarcosindicalista-. Nosotrxs mismxs somos nuestros enemigos como agentes reproductores del Estado/Capital, no levantemos banderas vanguardistas de que “la gente es nuestra enemiga” y “yo y mis panas somos la cumbia”.

Este anarquismo aquí y ahora no significa borrar proyecciones con el codo, pensar el anarquismo siempre de la misma forma y largarse a llorar porque “no hay futuro” (vaya novedad). Tampoco significa “lanzarse” a la vida y arriesgarla por lo que sea. Es por sobre todo lo inesperado: espontaneidad y también preparación, es acción pero también replegarse cuando unx(s) lo considere(n) necesario, y empezar a experimentar en nuestros espacios y nuestra actividad política –una buena muestra de esto se da en el anarquismo porteño (Valparaíso)-. Significa entender que anarquismo es nuestra horizontalidad –siempre con reparos-, nuestra organización, nuestra propaganda, nuestra autogestión, nuestros espacios, nuestra contracultura, y nuestra no siempre tan provechosa acción. No es hablarle al vecino como un pastor “mire lo que le espera en el mundo nuevo”, “y esto lo puede conseguir así y así”; sino más bien: “Nos organizamos de esta manera, hacemos esto y esto otro, y lo hacemos por tales y cuales razones” “si te gusta, bien, si no, bien también”. No hablemos de utopías de ensueño, si sabemos que el sueño comunista libertario de abolir la propiedad privada, la autoridad, el estado, el capital, y toda forma de dominación, para formar una gran comunidad humana de propiedad colectiva, aplicado a más de 7 mil millones de habitantes, es prácticamente imposible.

Pero sí es posible, y eso que quede claro, aplicar el comunismo y la anarquía, ahora mismo, no en un futuro provisorio. Es posible dentro de nuestras posibilidades de vida –no “posibilidades legales” como esas lacras reformistas-marxistas-felosas-. Es posible en la medida de nuestro impulso, premeditación, convicción y coordinación, aplicar la autogestión, ya sea obrera o entre nuestros afines, crear cooperativas económicas, proyectos educativos, participar en los conflictos sociales, y en el mejor de los casos, ese breve instante del acontecimiento inesperado, que el absurdo del materialismo histórico no pudo preveer, donde las revueltas se toman las calles y ese mundo nuevo se hace carne y sangre; aunque sabemos que, como en toda revuelta, no alcanzará a cubrir el breve momento de nuestras vidas en constante tensión, destrucción, y pasión creadora.

Fraternalmente de nadie

A desplegar los ventiladores kon kaka y p®o(b)lem(at)izar el anarkismo kriollo

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7 pensamientos en “[Critica al dogmatismo]: El renacer del anarquismo y su renovación.

  1. Es medio ontológico tu texto, yo creo que se hace camino al andar, para que teorizar sobre un futuro mundo anarquista que no existe y quizá nunca va existir?, para mi no hay contradicción entre organización informal y organización formal como plantean muchos compañeros, todo sirve, tampoco criticar al comunismo, marxismo, socialismo autoritario o como quieran llamarle como ejemplo tenemos la guerra civil española. Vivimos explotados por el capital y el estado, hay gente que se muere de hambre o por enfermedades curables, hay discriminación a inmigrantes, mujeres, discapacitados, minorías étnicas, religiones, a gente por su elección sexual.
    Primero hay que luchar por lo mas básico, si no es todo letra de molde, yo creo que toda forma de lucha es valida para alcanzar los objetivos, sirve la organización formal para concientizar y mejorar la sociedad, sirve la violencia cuando hay que tocar intereses, sirven los sindicatos de bases trotskistas cuando hay que pelear por un salario mejor. Todo lo demás es dar vueltas en circulo y nunca enfrentar los problemas.
    Un ejemplo de organización informal que no voy a negar que me parecía medio friki al principio, que no se da tanto acá en lationamerica pero si mas en europa, son los movimientos antifascistas, ellos no tienen las problemáticas que tenemos en lationamerica pero para sus problemáticas les sirve, es cuestión de unirse bajo un movimiento con nuestra idiosincrasia y pelear.

  2. Cabrxs, no me desprecien el territorio y loreen lo rápido que se han movido los locos, están en esa parte de la revolución social en que el grupito que la lleva podría arrancarse con los tarros y en cambio están haciendo que cada Asamblea comunal tenga sus autodefensas y que sean autónomas pero sí federadas, están poniéndole con las cooperativas y con las organizaciones de mujeres que son la mitad de las organizaciones sociales que hay, además se están virando caleta de cabros pa allá de otros lados.

  3. Qué ha hecho este anarquismo “renovado”? Se ha acercado a lxs trabajadorxs? ha atacado algún símbolo del poder? ha logrado implementar nuevos métodos de lucha? HA HECHO ALGO? o sólo ha teorizado detrás de un ordenador?…
    Se elogia al insurreccionalismo por criticar al “anarquismo universitario” cuando quien escribe este artículo no es más que otro universitario engrupío’.
    Falta realidad y sobran basuras teóricas, esas mismas que se esgriman en el centro del poder foucaultiando que tanto les encanta llevar como caballito de batalla.
    La posmodernidad los tiene cagaos intelectualoides klos.

  4. Un comentario que encontré en la web que quizás sirva pal debate.

    “A propósito de una crítica al dogmatismo: Comentario crítico del libro de Ibañez “Anarquía es movimiento”: como material revolucionario es inconducente, su único valor es como distracción intelectual y para alimentar la máquina de los profesores universitarios norteamericanos que escriben porque lucran con ello, y la verdad, de anarquismo saben muy poco.
    El libro presenta dos criticas principales al “anarquismo clásico”: La primera es el “descubrimiento” de que el sujeto que el anarquismo pretende emancipar no sería un ser autónomo, sino un ser ya moldeado y constituido por relaciones de po­der. Esa crítica no puede ser mas desacertada, ya desde Proudhon y continuando en Bakunin el anarquismo afirma una y otra vez que el individuo es fruto e hijo de la sociedad, que está moldeado por la sociedad, por relaciones sociales. Es mas, me atrevería a decir que esa es una de las tesis fundamentales del anarquismo.
    Luego proclama la problemática de que el sujeto encargado de llevar a cabo la emancipación era el proletariado. Eso es una crítica que le calza muy bien al marxismo, pero en el anarquismo el sujeto llamado a hacer la revolución es cualquiera, eso también está claro desde Proudhon en adelante. Desclasados, campesinos, burgueses que dejan su clase, el anarquismo admite a cualquiera como sujeto revolucionario y desde sus comienzos.
    Continua con este otro “descubrimiento”: “luchar contra el Estado consiste también en cambiar las cosas «abajo», en las prácticas locales, diversas y situadas, allí donde el
    poder adquiere parte de sus atributos”. Según este autor el anarquismo clásico ignora esto. Disculpen pero este último argumento ni me voy a molestar en refutarlo.
    Estos tres extremadamente débiles argumentos son todas las críticas que presenta al anarquismo clásico.
    El vocabulario, el palabrerío excesivo falto de contenido real, la obsesión foucaltiana de querer utilizar la palabra poder constantemente y a la vez quitarle el significado histórico que tiene en los textos anarquistas nos remiten claramente a los claustros universitarios, es más, casi todas las referencias que hace el autor son de universitarios estadounidenses.
    De sus palabras se desprende el poco conocimiento y entendimiento que los autores (en su gran mayoría universitarios norteamericanos) tienen de los escritores clásicos anarquistas y a la vez la arrogancia marxista de criticar algo sin haberse tomado la molestia de entenderlo, casi de leerlo diría.
    Mas allá de lo desacertado de la crítica, lo que no se entiende de este tipo de textos es cuál es la contribución, qué tiene para aportar, además de discusiones inconducentes sobre las distintas acepciones de la palabra poder.
    Según el autor la virtud del posanarquismo es acercar al anarquismo a diferentes prácticas de lucha, como por ejemplo el zapatismo. Ningún anarquista que yo sepa ha negado ciertos puntos de contacto entre las prácticas zapatistas y anarquistas, pero en cambio yo me pregunto: ¿Qué hecho concreto ha realizado el posanarquismo para acercar al vetusto anarquismo al zapatismo? No busco mas palabrerío. Hechos. Datos concretos, ¿cuándo, cómo ocurrió, dónde fue que el posanarquismo nos ha acercado al zapatismo? ¿Cuál es el mérito del posanarquismo además de afirmar obviedades y presentarles como novedades?”

  5. Pingback: Libro: “Anarquismo es Movimiento: Anarquismo, neo anarquismo y postanarquismo” – Tomas Ibañez (2014) | Periódico Anarquista: La Boina.

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