Paul Feyerabend: El anarquismo epistemológico

Publicado en: biblioteca.itam

Uno de los filósofos con quien Kuhn trabajó en la preparación de su libro, e indudablemente el más influyente de ellos fue Paul Feyerabend. Feyerabend se denomina a sí mismo como filósofo o pensador anarquista. Su posición se encuentra ligada en algunos aspectos a la de Kuhn, sin embargo, se diferencia de ella en muchos otros y constituye, en general, una visión radicalmente diferente de cualquiera de las sostenidas hasta ahora en la filosofía de la ciencia.

Primero que nada, Feyerabend está en contra de la idea de que existan estándares invariables de racionalidad en cualquier campo, incluido el de la ciencia. No existen, según él, principios universales de racionalidad científica; el crecimiento del conocimiento es siempre peculiar y diferente y no sigue un camino prefijado o determinado. Feyerabend defiende firmemente el valor de la inconsistencia y la anarquía en la ciencia, de las cuales –afirma– ha derivado la ciencia todas sus características positivas, y sostiene que una combinación de crítica y tolerancia de las inconsistencias y anomalías, a la vez que absoluta libertad, son los mejores ingredientes de una ciencia productiva y creativa.

En su libro Contra el Método,Feyerabend (1974) sostiene que la ciencia es esencialmente una actividad anarquista y que un anarquismo teórico no sólo es más realista y humanitario, sino que promueve mejor el progreso de la ciencia y la sociedad. Un examen cuidadoso de la historia de la ciencia proporciona pruebas de esto, por lo que es evidente, en un análisis de este tipo, que la idea de ciencia se ha visto modificada profunda y radicalmente muchas veces en su historia. Del mismo modo, los criterios de experimentación, verificación, observación, medición, etc., han sido transformados de una generación a otra de una forma que sugiere que cualquier juicio general o universal que tendiera a agruparlos en una sola categoría sería un error. Lo cual nos lleva de nuevo a los dominios del principio de inconmensurabilidad, que, como afirmamos anteriormente, fue redefinido tanto por Kuhn como por Feyerabend. No sólo los estándares científicos son peculiares a ciertas condiciones sociales e históricas, sino que debemos abandonar toda intención de evaluar una teoría comparándola con otra para encontrar cuál es la mejor. El único principio universal en la ciencia es: “todo es permitido”.

En sus artículos en contra del empiricismo, Feyerabend (1981) nos muestra cómo este principio de amplia permisibilidad “ha operado y puede operar de forma creativa en la ciencia”. Por ejemplo, es posible iniciar el trabajo científico formulando hipótesis que contradigan teorías sólidamente confirmadas o resultados experimentales corroborados hasta ese momento. Nada perdemos si partimos de esta forma en el trabajo científico en términos de metodología y, sin embargo, podemos ganar una nueva perspectiva que la teoría dominante no permitía considerar debido al requisito de consistencia entre hipótesis y teoría. Este requisito, nos dice Feyerabend, impide el progreso científico porque busca esencialmente la preservación de la teoría dominante, y no la mejor teoría o la más útil. La formulación de hipótesis que contradigan una teoría confirmada, nos proporciona pruebas que no pueden ser obtenidas de otra forma. Por otra parte, la proliferación de teorías o “pluralismo teórico”, otra de las características esenciales de su posición filosófica, es benéfica para la ciencia, mientras que la uniformidad teórica favorece el dogmatismo e inutiliza el poder crítico de los científicos.

Feyerabend disiente fundamentalmente de la idea generalizada de que la ciencia es la mejor o la única forma de obtener conocimiento de la realidad. Esta, según él, es una idea propagada por los científicos mismos que tiene por objeto garantizar el statu quoy el puesto privilegiado que tienen en la sociedad. Nada más lejos de la realidad –sostiene–, no existe idea, por más antigua y absurda que ésta sea que no pueda mejorar o aumentar nuestro conocimiento. Incluso las ideas políticas deberían formar parte de la actividad científica como una forma de superar el statu quoque se impone en ocasiones la ciencia a sí misma

No existe –sostiene Feyerabend– una sola teoría que dé cuenta de todos los fenómenos que se presentan a su atención. Todas las teorías son inconsistentes, al menos con una parte de éstos. A pesar de esto, las teorías inconsistentes siguen siendo utilizadas como herramientas de explicación. Si la ciencia funciona realmente de esta manera, se sigue que la racionalidad no puede ser universal y que la irracionalidad no puede ser, no está de hecho, excluida de la práctica científica como un elemento inútil. Esta característica de la ciencia reclama reconocimiento, así como la existencia y legitimación de una epistemología anarquista.

Feyerabend ha criticado el modelo de crecimiento científico propuesto por Lakatos. Feyerabend afirma que los estándares propuestos por la metodología de los programas científicos de investigación fueron abstraídos de la ciencia moderna y por lo tanto no pueden ser considerados árbitros neutros en la lucha por la dominación de un área, si ésta se da entre ciencia y mitología, o entre religión y magia. Más aún, estos estándares, que implican la comparabilidad de los contenidos teóricos no son siempre aplicables. El contenido de algunas teorías es incomparable, en el sentido de que es inconmensurable, y su traducción, imposible.

En términos generales, Feyerabend sostiene que la ciencia y los mitos o la magia, se encuentran más cercanos entre sí de lo que la ciencia moderna está dispuesta a aceptar. La ciencia no es más que una de las tantas formas de reflexión sobre la realidad que el hombre ha desarrollado, y no es necesariamente la mejor. Antes de aceptarla incondicionalmente, deberían examinarse sus ventajas y deficiencias y compararse con otras formas de pensamiento. Feyerabend (1981) sostiene que la ciencia tuvo su función liberadora en la historia del pensamiento. Nos liberó de los tabúes religiosos, entre otras cosas. Sin embargo, en la actualidad se ha convertido en parte del statu quoy se ha vuelto tan opresiva como lo fue en su tiempo la iglesia. La separación del Estado y la ciencia, según Feyerabend, sería otro.

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