¿Por que estamos en contra del Trabajo?: Criticando el concepto de Trabajo

Articulo publicado en El Anarquico Nº 4, Mayo 2015
Criticando el concepto de Trabajo, por Mate amargo.

“El “derecho al bienestar” es la posibilidad de vivir como seres humanos y de criar los hijos para hacerles miembros iguales de una sociedad superior a la nuestra, al paso que el “derecho al trabajo” es el derecho de continuar siempre siendo un esclavo asalariado, un hombre de labor, gobernado y explotado por los burgueses del mañana. El “derecho al bienestar” es la revolución social; el “derecho al trabajo” es, a lo sumo, un presidio industrial.”

Piotr Kropotkin

“No quiero ganarme la vida, quiero vivir.”

 Oscar Wilde

trabajo esclavitud

Foto compartida por El Amanecer, Periódico Anarquista.

Sin duda que teorizar en torno al concepto del trabajo es algo bastante difícil y complejo, sobre todo teniendo en cuenta que este está tan arraigado en la cultura mundial y que, al igual que muchos otros valores del sistema imperante, no suele ser analizado y criticado ni siquiera por las millones de personas que diariamente salen a cumplir obligadamente con aquello que llaman “Trabajo”.

Y aunque suene impresionante a la mayoría de la gente no le gusta salir a trabajar y aún así el concepto sigue ahí, sin ser criticado directamente, pidiendo ser reformado en calidad y tiempo tantas veces que pareciera ser esa la única crítica posible al trabajo. Menos horas de trabajo y mejores condiciones, un poco de reajuste del salario y diez minutos más de colación o incluso pedir tiempo para una siesta que reponga las fuerzas y así optimizar la producción. Pero el concepto sigue ahí, intacto, perpetuándose como un pulso que mueve ciudades y economías.

Sin embargo para los anarquistas este ha sido un tema recurrente desde diversas perspectivas, criticado agudamente y reelaborado de las más variadas formas. Es por ello que existe una gran variedad de textos y artículos que desmenuzan tanto la raíz de la palabra como su condición inherente de labor forzada y pilar fundamental de la cosmovisión capitalista.

Quizás el error más enquistado en la noción de trabajo sea el pensar y relacionar el trabajo con cualquier labor y esfuerzo que realizamos y, por tanto, relacionarlo con la actividad humana en general, sea cual sea esta. Así puede considerarse trabajo el pasar todo un día funcionando en un oficina, cocinar algo, conducir una micro e incluso levantar un huerto. Pero claramente la naturaleza de estas actividades es completamente distinta.

El origen de esta idea es mucho más reveladora que la errada concepción de creer que cualquier actividad humana pueda considerarse un trabajo. Parece haber consenso en que el origen de la palabra Trabajo sea Tripalium, concepto en Latín que significa Tres Palos. El Tripalium era un instrumento de tortura donde se amarraba y se azotaba a los esclavos, es decir, desde sus inicios este concepto estuvo relacionado con una labor tortuosa y no deseada, la cual debía ser soportada y padecida.

Es por ello que para nosotros el concepto a la labor forzada que debemos sobrellevar por nuestra condición de esclavos de la estructura capitalista. Esta labor no suele ser realizada por nuestra propia iniciativa, sino que está impulsada por la necesidad de conseguir la remuneración del patrón o, como es el caso de las sociedades actuales, de toda la armazón burocrática que sustituye al patrón.

Aquí el gran truco del capitalismo y de la explotación en general ha sido convertir el trabajo en una especie de bien preciado y además relacionar las más diversas actividades humanas con esta noción, así se nos habla de que hacer deporte es trabajo físico, de que estudiar es trabajo intelectual y de que trabajarle al patrón es otro tipo de actividad igual de necesario que los demás. Pero para nosotros el deporte y el estudiar son cosas que hacemos por nuestra cuenta y de forma lúdica, disfrutando el aprender y el mover nuestros cuerpos. Muy por el contrario, el trabajo que se realiza para alimentar el sistema siempre se hace de mala gana y en desmedro de las actividades que realmente quisiéramos hacer.

Es por ello que no somos amigos del trabajo y mucho menos creemos que este puede llegar a “Dignificar” al ser humano, por el contrario, creemos que la actividad humana debiera liberarse por completo de esta forma de entender nuestras actividades y relaciones. Podemos hacer miles de cosas, miles de actividades y oficios, pero el trabajo para nosotros es aquel que se realiza bajo el mandato del capital y el látigo del sometimiento.

Por otra parte, la cosmovisión del trabajo ha instaurado la labor forzada como una obligación ineludible y además deseada socialmente. Todos trabajan y producen durante gran parte de sus vidas. Se producen objetos, vehículos, cantidades impresionantes de información, se construyen edificios y se sigue llenando el mundo de la más variada basura. Si nos pusiéramos a pensar cuántas de estas cosas realmente necesitamos para vivir probablemente nos sorprenderíamos de que la mayor parte de ellas sólo son necesidades ficticias y su real valor no es más que una ilusión de la sociedad del consumo. Es así como trabajamos incesantemente para levantar un mundo de necesidades falsas que luego podremos costear con nuestro salario.

Tomando en cuenta lo anterior de pronto podríamos descubrirnos a nosotros mismos en un laberinto de ficciones y obligaciones de dudosa utilidad, perdidos entre cifras y papeles o atormentados por el reloj y los mandatos de un patrón. El hecho es que el trabajo pareciera ser un dios por nadie deseado, pero alabado y seguido por millones países orientales, los de personas en todo el mundo. En la mucho, pero probablemente sociedad del consumo y el espectáculo si nos sacamos la venda de la productividad muy pocas de podemos sentir que hacemos ejemplificar lo que hemos dicho hasta aquí, basta No es muy difícil realmente útiles para la vida. nuestras horas de labor sean el trabajo en su razón de vivir, el trabajo. Es más, en industrializadas y enfermas por el cuales han convertido las sociedades más en que funcionan con mirar la forma sólo hecho de ser despedido supone una crisis existencial tal que suele llevar a las personas al suicidio. Ejemplos de lugares del mundo enfermos de trabajo no faltan para nombrar, todas las metrópolis son hervideros de estrés y cientos de otras enfermedades derivadas de este trastorno humano.

Es por las mismas razones que durante los tiempo de exterminio del Pueblo Mapuche y aún en la actualidad se le tildó a los indígenas de flojos por no explotar su tierra debidamente y por eso mismo se les terminó sacando de sus territorios. Actualmente las tierras que los Mapuche defendían, la Ñuke Mapu como la llaman ellos con cariño, está repleta de forestales y aserraderos que destruyen los bosques y secan el suelo sin tener ni el más mínimo respeto por la tierra. En realidad la flojera de los Mapuche era simplemente entender las labores de una forma distinta y producir de forma calmada y respetuosa lo necesario para vivir, pero la mano del progreso y el trabajo no fueron capaces de entender esto y las consecuencias ya todos las sabemos: muerte y devastación.

No estaría demás mencionar que la mayor parte de los trabajos del capital no suelen entregarnos nada para nosotros mismos, muchas veces no crecemos nada personalmente con las labores que hacemos bajo el mandato del dinero. Hay personas que gastan todo su tiempo en una caja registradora, otros conduciendo una micro, destapando baños u otras labores. No quiero decir que alguna de esas labores me parezca terrible, pero especializarse en ellas y realizarlas todo el día durante gran parte de la vida es algo que definitivamente a nadie le gustaría hacer.

Basta mirar alrededor, respirar el aire de las ciudades y analizar cuánto del trabajo que hacemos es realmente vital. El absurdo de la sociedad capitalista resulta evidente, la enormes hileras de autos y los gigantescos edificios no se construyeron solos y la devastación de la naturaleza pareciera ser el trabajo mejor realizado por nuestras sociedades.

Sobre las luchas de los trabajadores

Cada 1º de Mayo podemos ver cientos de carteles, lienzos y afiches que reivindican las más variadas luchas de los trabajadores, pero aunque suene extraño nadie suele pensar el trabajo como una costumbre humana o una expresión de nuestra cultura específica. Para la mayoría el trabajo pareciera ser algo similar al aire, algo completamente necesario y que la mayor crítica posible que se le pueda llegar a hacer sea su mala calidad o su pésima condición.

Como plantea Miguel Amorós, teórico anarquista proveniente de las tierras dominadas por el Estado Español, en su texto “Primero de Mayo Contra el Trabajo”, lo que se debe tener en cuenta de estas luchas es que llevan de forma implícita un rechazo al trabajo y su influencia en nuestras vidas. En cada consigna se leen peticiones sobre disminuir las horas de trabajo, la cantidad de labores, mejorar las condiciones en que se realiza, es decir, disminuir lo más posible aquello que encarna el trabajo en su esencia y que se relaciona íntimamente con el sacrificio. Es así como en el trasfondo de cada una de esas demandas puede verse claramente un rechazo al trabajo, pero también una extraña defensa de este ¿A qué se debe esta defensa que suelen esgrimir tantos orgullosos trabajadores? Obviamente a la necesidad que tenemos todos de sobrevivir en el sistema capitalista, no a un amor real ni a un compromiso personal con la labor. Es por ello que para no perder realmente de vista lo que deseamos siempre es necesario tener en cuenta que esta forma de vivir y este sistema no son lo único posible, por el contrario, es una pésima opción entre una infinidad de mejores realidades.

Por otra parte, también hay quienes se sienten orgullosos de ser quienes hacen que el país se mueva, quienes se enorgullecen de ser los constructores del nuevo metro, los que levantan edificios, hacen los mejores productos y extienden enormes carreteras a través de bosques y campos. Bueno, nosotros creemos que muy poco de eso es realmente necesario para una vida libre de las mentiras del capitalismo y el espectáculo. Por el contrario, jamás nos sentiríamos orgullosos de destruir tanto la tierra y la naturaleza como lo hacen los trabajadores de la sociedad moderna en nombre del progreso y el bienestar.

Sin embargo nos gustaría dejar en claro que no creemos que las luchas de los trabajadores sean inútiles, ya que estas ideas son básicamente teoría, pero en la práctica hay millones de personas que deben subsistir y trabajar para ganar el alimento y tener un sitio donde vivir. Es por ello que entendemos y compartimos aquellas peticiones de quienes quieren tener un mejor pasar y para ello exigen menos cantidad de trabajo y mejor remuneración, es decir, menos trabajo, más tiempo para ellos mismos y el disfrute de la libertad. Algo básico, claramente.

Lo que buscamos decir es que aquellas luchas debieran siempre llevar consigo una crítica al trabajo y a la condición de esclavos que llevamos todos quienes formamos parte de la estructura capitalista. Para nosotros ninguna lucha de los trabajadores es válida si lo único que busca es un mejor pago, sino que creemos que las luchas se hacen reales si critican realmente la estructura del trabajo asalariado, la autoridad del patrón y la violencia con que la estructura nos golpea diariamente.

Finalmente, creemos que todos los focos de conflicto son tierra fértil para que crezca la crítica a la autoridad. Hemos visto cómo, por una parte, muchos conflictos laborales terminan radicalizándose y entablando férreos enfrentamientos contra la autoridad, con cortes de ruta y otros métodos de acción directa en los cuales vemos honestos intentos de cambiar el orden de las cosas y resquebrajar el estancamiento social. De la misma forma resultan evidentes aquellos movimientos que son absorbidos por el sistema, diluyéndose en simples reformas y siendo destruidos por las decisiones de algún dirigente corrupto y vendido. A los primeros todo nuestro apoyo, a los segundos nuestro rechazo.

Actividades liberadas, apoyo mutuo y autogestión

En su texto “La Abolición del Trabajo”, el anarquista Bob Black señala que el rechazar el trabajo y buscar su abolición nunca ha sido sinónimo de no hacer nada, sino de pensar en nuevas formas de llevar a cabo las actividades humanas, lejos de la lógica de la obligación y el sometimiento.

“El trabajo es la fuente de casi toda la miseria existente en el mundo. Casi todos los males que se pueden nombrar proceden del trabajo o de vivir en un mundo diseñado en función del trabajo. Para dejar de sufrir, hemos de dejar de trabajar. Eso no significa que tengamos que dejar de hacer cosas. Significa que hay que crear una nueva forma de vida basada en el juego: en otras palabras, una revolución lúdica. Por «juego» también se debe sobreentender fiesta, creatividad, convivialidad, comensalía y puede que hasta arte. El juego va más allá de los juegos infantiles, por dignos que sean. Hago un llamamiento a favor de una aventura colectiva basada en el júbilo generalizado y la exuberancia libre y recíproca.”, plantea Bob Black en uno de los párrafos de su ensayo.

Si bien pareciera que sus palabras son más parecidas a una utopía teórica, lo que quiere decir el autor es que es necesario abandonar la visión de obligación y utilidad que el trabajo ha inculcado en las sociedades modernas. En contraposición a esto se encuentra la libertad de las actividades humanas, la evidencia de que a las personas nos gusta hacer cosas y, es más, nuestra vida consiste en hacer actividades que a lo largo de la historia nos han servido para vivir. Esto nada tiene que ver con el trabajo asalariado y su tendencia a la esclavitud, por el contrario se trata de liberar los quehaceres humanos, complementarlos, enriquecerlos y encaminarlos hacia nuestras propias vidas.

Es aquí donde nunca está demás recordar algunos conceptos usados hasta el cansancio: el apoyo mutuo y la autogestión. Es necesario complementar nuestras actividades, emplear el apoyo mutuo entre quienes hacen y construyen para así no encaminar nuestras fuerzas hacia El Capital. Por otra parte, la autogestión, es decir la construcción de la vida por y para las personas sin la interferencia del Estado u otro tipo de institución, libera las actividades del yugo de un patrón u otra burocracia que le sustituya.

Para nosotros las actividades humanas debieran ser liberadas de la obligación y la esclavitud, el trabajo debe ser criticado directamente y la libre organización entre las personas debe construir la posibilidad de hacer y crear en armonía, sin la existencia de explotados y explotadores. La humanidad ha existido durante miles de años sin que haya una maquinaria tan absorbente y brutal como el trabajo asalariado.

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