Historia: La Bakuninhütte, un refugio libertario en la Alemania de principios de Siglo XX

David Bernardini
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, Junio de 2015
Extraído de: Portal Libertario OACA

bakuninrefugio

“Cuando el viajero camina por el bosque en dirección Este desde Meiningen, ciudad de Turingia, encuentra un refugio sobre un altiplano libre: la Bakuninhütte (…) un refugio libertario”, escribe en verano de 1931 Hermann George en el semanario anarcosindicalista Der Syndikalist. La Bakuninhütte (refugio de Bakunin) es un edificio, construido por los anarquistas alemanes en los años veinte, que atraviesa la historia de cuatro Alemanias (República de Weimar, Tercer Reich, República Democrática y, finalmente, la Alemania reunificada) para llegar a nuestros días.

Cómo comenzó todo

Meiningen es una pequeña ciudad a un centenar de kilómetros al sudoeste de Erfurt, en el corazón de Alemania. En 1919 algunos militantes, la mayoría jóvenes, deciden fundar un grupo que se adhiere a la Freie Arbeiter Union Deutschlands (FAUD, Unión Libre de Trabajadores Alemanes), una organización anarcosindicalista que en pocos meses llega a contar con casi doscientos activistas.

En 1920 el grupo FAUD de Meiningen proyecta adquirir un terreno para cultivarlo, con el fin de aliviar el dogal de la crisis económica que atenaza a Alemania tras la guerra. El mismo año se compran, por 21.000 marcos, 6.400 metros cuadrados de tierra situados a tres cuartos de hora a pie de Meiningen, sobre el Hohe Maas, un altiplano de cerca de 500 metros de altura rodeado de bosques. Al lado de los cultivos de patatas y verduras, el terreno es utilizado por los anarcosindicalistas locales para las acampadas de fin de semana con sus familias. Dos tipos de uso que comportan un problema común: la lluvia. El grupo construye entonces un pequeño cobertizo provisional. Gracias al trabajo colectivo, la construcción se transforma con el paso de los meses en un refugio cada vez más sólido, en cuyo interior es posible sentarse y cocinar.

En 1925, a causa de la estabilización de la economía, las actividades agrícolas ya no son necesarias, por lo que el pequeño edifico se afirma progresivamente como lugar de encuentro para los militantes anarcosindicalistas de la zona.

Nuestro Bakunin, nuestra Bakuninhütte

En julio de 1926, con ocasión del cincuentenario de su muerte, el edificio, convertido en un verdadero refugio, es dedicado a Bakunin: nace así la Bakuninhütte. Sobre la entrada figura la inscripción “Bakunin-Schutzhütte”, y se coloca una lápida conmemorativa dedicada al revolucionario ruso, obra de los marmolistas anarquistas locales Otto Walz y su hijo Heini.

Al poco tiempo, el refugio es ampliado: se hace un comedor, un dormitorio, una cocina y una sala común. El material para la construcción, así como el agua, se transporta a hombros; para la iluminación nocturna se utilizan las lámparas de petróleo. Incluso el exterior de la Bakuninhütte se va arreglando progresivamente con caminos, parterres, bancos para sentarse bajo los árboles, setos y flores. Se colocan otras dos lápidas conmemorativas, una dedicada a Francisco Ferrer, otra a Sacco y Vanzetti. Max Baewert, activista anarquista de Meiningen, compone versos dedicados al refugio que se convierten en el lema de la Bakuninhütte:

“Libre tierra y libre refugio

libre espíritu y libre palabra

libres hombres, libre utilización

me atraen siempre hacia este lugar”.

El artesano Franz Dressel construye dos columpios y un pequeño tiovivo para los niños. El bodeguero que lleva la cerveza proporciona también sillas y mesas de jardín. La Bakuninhütte está completamente autogestionada, nace y se desarrolla gracias a las aportaciones de quienes la viven: primero el grupo de Meiningen y después segmentos cada vez más amplios del movimiento anarquista de la época.

Con el cambio de situación económica, el proyecto cambia definitivamente. No se trata ya de una especie de colonia de trabajo que practica la agricultura para el autoabastecimiento sino de un refugio que se convierte en lugar de encuentro, de intercambio de ideas y de descanso. La Bakuninhütte es una encrucijada política y existencial, componente para nada secundaria en la experiencia de la militancia de la época. El refugio alberga tanto a jóvenes excursionistas de paso como a reuniones de grupos anarquistas, tanto a hombres como a mujeres, implicados en el movimiento libertario, que deciden pasar allí las vacaciones con la familia. Hay que recordar que, a causa de los contratos colectivos de la legislación político-económica de la República de Weimar, en estos años comienzan los primeros experimentos de fiestas y son reglamentados los horarios laborales y el descanso semanal.

Con el fin de dar una cobertura legal a las actividades del refugio, se crea en 1927 la Siedlungsverein “Gegenseitige Hilfe” e. v. (Sociedad de Alojamiento “Apoyo mutuo” sin fines de lucro), que se convierte en propietaria de la Bakuninhütte, si bien la gestión permanece en manos de la FAUD de Turingia. Los días 27 y 28 de mayo se celebra la inauguración del refugio. El año siguiente, en 19 y 20 de mayo de 1929, se celebra un nuevo encuentro regional. En febrero de 19130, el poeta anarquista Erich Müsham pasa por la Bakuninhütte, signo inequívoco de la popularidad del refugio a nivel nacional. En junio de 1930 tiene lugar el primer campamento nacional de la Syndikalistische Anarchistische Jugend Deutschland (SAJD, Juventud Sindicalista Anarquista Alemana).

El éxito de la Bakuninhütte es tal que en la segunda mitad de 1930 es necesario emprender trabajos para ampliar el edificio. Se lanza una campaña de autofinanciación a nivel nacional, apoyada particularmente por Der Syndicalist, a través de la adquisición de postales (Bakunin-Karten-Baufondskarten) a 10 pfennings. En ese tiempo, Fritz Scherer, encuadernador y apasionado de las excursiones, se convierte en el Hüttenward (guarda del refugio). Como tal, Fritz se encarga no solo de todo lo que necesita la Bakuninhütte y sus huéspedes, sino que también lleva el Hüttenbuch (libro del refugio), una especie de registro de los huéspedes en el que algunos de los que visitan el refugio consignan sus pensamientos.

En otoño de 1932 comienzan los trabajos de ampliación gracias al éxito de la campaña de financiación y a la colaboración de diversos albañiles procedentes de las ciudades vecinas. En 1933 Hitler alcanza el poder: la asociación que gestiona legalmente la Bakuninhütte es disuelta y los anarquistas pueden tener aquí su última actividad a comienzos de junio.

La Bakuninhütte de una Alemania a otra

El refugio Bakunin es concedido primero a las SS, después al Partido Nazi de Múnich en 1935 y, al final, vendido a un particular en 1938. Fritz Scherer, el último guarda, afortunadamente consigue salvar el Hüttenbuch. Tras la guerra, Turingia se encuentra en la zona ocupada por los soviéticos y la Bakuninhütte pasa por diferentes oficinas de la administración de la República Democrática Alemana; en 1970 es destinada a centro de adiestramiento de una sección de la policía de Meiningen.

En 1989 es adquirida por la oficina de patrimonio de la República Federal Alemana. A comienzos de los años 90 fracasan los primeros intentos para recuperar el refugio. Desde 1996 es completamente abandonado. En 2004 numerosos activistas presentan una oferta de adquisición a la oficina patrimonial de Suhl y en 2005 se compra la Bakuninhütte. Al año siguiente se crea la asociación Wanderein Bakuninhütte, pero las dificultades todavía no han acabado, porque se prohíbe el acceso al edificio y su utilización.

Durante ese tiempo se organizan algunas iniciativas en torno al Refugio Bakunin. En abril de 2011 cesa la prohibición de acceder al refugio y es jurídicamente posible iniciar su recuperación. La campaña de financiación lanzada en 2012 consigue 7.000 euros, que se utilizan para arreglar el edificio, gravemente dañado en el curso de los años. Tratándose del único testimonio anarcosindicalista en Alemania en la forma de edificio, el objetivo es hacer de la Bakuninhütte no un rígido testimonio del pasado sino un monumento vital y dinámico, capaz de ayudar a la comprensión de la Historia, de albergar eventos culturales y volver a ser un lugar de parada para los excursionistas.

La Bakuninhütte parece volver nuevamente a la actividad: un lugar donde pasear y crecer juntos, construido de la nada gracias al trabajo cotidiano de activistas de base, la Bakuninhütte vive todavía y, con ella, la figura de la que toma el nombre. En otro tiempo, en 1932, en las páginas de Der Syndikalist, apareció este llamamiento: “El Refugio Bakunin debe ser y será en breve ¡un duradero testimonio de la solidaridad y de la creatividad de nuestro movimiento!”

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