¿Y qué diablos vamos a entender como anarquía?

Por  Manuel desde los Cerros, en El Surco N° 44, Abril 2013

“Abriendo nuestra conciencia y al viento y a la luz mientras respiremos, quedarán en el mundo, como prolongación de nuestro ser, formas duraderas o efímeras, nobles o humildes, avasalladoras o débiles, pero formas nuevas, formas vivas que se unirán a otras para engendrar una molécula de armonía, formas esencialmente nuestras, y única justificación, único objeto de nuestra existencia breve”.
Rafael Barret, 1905

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Texto: “¿Anarquía?” de Bob Black, Editorial Crimental

Hay muchos compañeros y compañeras que se figuran la anarquía como un lugar absoluto de felicidad y libertad sentado allí en los lindes de un futuro inubicable. Y creo que la mayoría de quienes no conocen ni comparten nuestras ideas la conciben en esos mismos términos.

Yo no digo que estén mal, pero pienso en varios problemas que esta situación podría presentarles y presentarnos si participáramos de esa imagen. Puede que en realidad sea yo el desenfocado y que las nociones que vienen –que tampoco son muy originales ni muy definitivas- sean hasta más perjudiciales para ese diverso y conflictivo “nosotrxs”. Quien sabe. Pero mientras sirvan, aunque sea un poquito, para remover el agua detenida de nuestras seguridades, me doy por satisfecho.
Invito, y lo digo ahora para que nos vayamos entendiendo, a imaginar y sentir la anarquía ya no como un absoluto, como una sociedad ideal acabada cual armónica utopía, sino mas bien –más o menos- como una realidad imperfecta que se construye hoy –con miserias y virtudes- en función de lo que consideramos subjetivamente un camino de libertad y solidaridad. La anarquía sería la realización en el presente de aquellas ideas que le dan sentido a este particular y heterodoxo ideario. Surge y se bifurca a pulso, a imagen y semejanza de sus creadores. Y por lo mismo, está manchada de nuestras propias carencias y también regada de nuestras armonías. No digo que seamos incapaces de concluir cosas definitivas, tan solo insinúo que la fragmentariedad le es inherente y que no por incompleta la dejaremos de intentar, de hacer. Entonces la anarquía (o una de sus dimensiones, la que nos reúne ahora) sería el intento, no en el sentido del ensayo que allana el camino para en el futuro sellar la promesa, sino la muestra actual del último estado al que podemos llegar frente a determinado problema. No guardarnos, no reservarnos. Esta es la anarquía, una siembra que se va viviendo en los caminos, que no es solo el sitio donde nace el arcoíris, ese que se aleja cuando creemos ya tocarlo.

No, la anarquía no es el Paraíso. Y pensarla como aquel definitivo lugar solo acaba condenándonos a sacrificar el presente en nombre de una sociedad más justa y libertaria ¿y para qué ahorrarse?

Quienes solo la ven en el futuro afirman que hoy la anarquía no se puede concretar. Y bien, si se piensa en los términos del absoluto es claro, jamás se realizará. Que el humano es egoísta por naturaleza, dicen, que no faltarán los que desearán imponerse a los demás (ponga usted aquí todas las objeciones que ha escuchado y se ha formulado). El mundo grita que la anarquía es impracticable, insisto, y desgraciadamente –según yo- las compañeras y compañeros se devanan el ceso tratando de responder a cada pregunta con alguna respuesta firme. Porque si la anarquía es impracticable, como dicen los de afuera, habría que comprobar –y ojalá científicamente- que no solo es posible, sino que ya llega. Esta crisis del capitalismo, esta sí que si!, es su preludio… ¿Y en un mundo así, que se hará con la salud y el cáncer y las operaciones médicas complejas? ¿Cómo lo harán frente a pederastas si no quieren cárceles ni siquiátricos? ¿Cómo evitarán que venga otro Estado y se coma su naciente sociedad libre? Yo pienso: las preguntas del futuro dejémoselas a los que le vivirán. Uno de los actos más horribles es elegir por otros el mejor de sus mundos, y uno de los gestos mas autoritarios es señalar la forma en que otros solucionarán sus problemas. Que las que vengan respondan las preguntas de su tiempo.

Entonces la nueva exploración de respuestas exige cambiar las preguntas. ¿Cómo nos relacionamos, transportamos, curamos y alimentamos, cómo nos vivimos hoy de tal forma que en el camino no jodamos a nadie más que a los que buscan levantarse sobre los demás? ¿Cómo abrir brechas esta tarde? En todo esto vaya que urge la humildad. Y es que hay un potencial infinito en el reconocimiento de nuestras miserias que bien podríamos cambiar un rato por esas seguridades con las que nos llenamos la boca. No tenemos respuestas. No definitivas al menos. O quizás algunos las tengan, vaya uno a saber. Pero para nosotros, los que caminamos y caminamos, todo es transitorio. Y a mi juicio no es irresponsabilidad política carecer de respuestas. De hecho, creo que es una verdadera indecencia presentar aquellas a las cuales nos aferramos como las verdaderas y más revolucionarias salidas para los demás. Aunque se les disfrace eufemísticamente con la palabra “propuesta”.

anarquismo es movimientoPero que no se malentienda. Esto no es llamar a la inmovilidad, al fatalismo, todo lo contrario, es afirmar la búsqueda, la porfiada búsqueda, pues solo en la seguridad descansa la quietud. Y conste que no intentamos hacer de la idea de búsqueda el nuevo becerro de oro. Es que la vida es movimiento…

Yo digo, cultivemos la duda, somos imperfectos, reconozcámonos como tales, estamos podridos, pero también somos maravillosos, despedimos olor a mierda y a flores, hay contradicciones que nos persiguen, sabemos avergonzarnos de nosotras mismas, pero de vez en vez hasta sabemos hacer cosas lindas.

Por último, entender la anarquía como el absoluto futuro trae consigo otro problema grave: “dejar para mañana lo que podemos intentar hoy”. Allí entran a jugar todas nuestras excusas, nuestras sumisiones cotidianas. Y los ejemplos sobran: el Estado y sus instituciones son malvadas, pero igual le pedimos salud y educación gratis. La educación sirve al capital, pero igual terminemos la carrera que ya habrá tiempo para cosas libres. Las elecciones son una farsa, pero igual mendiguemos los votos en la universidad. La propiedad es un robo, pero igual aseguremos nuestras pilchas. Ataquemos el monstruo con sus propias armas… ¿queremos unas sociedad sin clases? Shh, silencio, antes mejor reafirmemos a la clase productora… La navidad sirve al capital, démosle entonces un sentido popular… pff. (Y acá va otro largo etcétera). Y todos estamos manchados. Si hay espacio para alguna seguridad útil, esa sería la idea de que no es mañana el tiempo de modificar nuestras individualidades y las formas en que nos relacionamos.

Y bueno, esta es más o menos mí forma de entender la anarquía. Y tuve la impudicia de comunicarla, porque participo en este pasquín, porque estoy casi seguro que algunas y algunos comparten dudas similares y porque pienso realmente que las diversas formas de entender nuestras ideas pueden tener más de algún puntito de encuentro y tensión creativa, y en ese nodo quizás hasta germine algo bonito, quizás fugaz, algo como cuando una mejilla sonrojada se estrella contra una boca humedecida de alegría. Estimado, estimada, o es ahora, o no será. Somos la búsqueda. Somos nuestra última mirada

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