[1927] “Educar, sinónimo de domesticar” por Julio Barcos

educacion

NOTA: El siguiente texto es un extracto del libro “Cómo el Estado educa a tu hijo” publicado por Julio Barcos en 1927, Buenos Aires. Reeditado recientemente por Nadar Ediciones. Lanzado el viernes 30 de Octubre en FILSA.

“Sigamos al niño, es decir, a tu hijo, lector, si es que lo tienes, a través de su vida escolar.
Ya lo tenemos entre las cuatro paredes del aula, sentado tiesamente, con los brazos cruzados sobre el pecho, o las manos en bendito sobre el pupitre, durante largas horas en un banco duro, simétricamente alineado, y sobre todo, rígidamente clavado en el piso como la antigua barra de grillos abolida en las prisiones de la Capital y en auge todavía en las comisarías de campaña. Los instrumentos de tortura nunca se suprimen del todo: se transforman y se refinan en nombre del progreso.”

– Julio Barcos en “Un sistema criminal de educación”,
capítulo del libro “Cómo educa el Estado a tu hijo”.

Educar , sinónimo de domesticar.

Libro editado por Nadar Ediciones.

Cuando el chico llega por primera vez a la escuela; o lo que es lo mismo, pasa de manos de sus padres a manos de su “segundo padre”, palabras que para su mete aterrorizada quieren decir: “Aquel que puede cascarte igual que tu papá”, él ya va sabiendo que su deber, su virtud, su misión en este suelo es la “obediencia”. Su “segundo padre” se encargará, en efecto, de domesticarlo en nombre de otros fetiches no por abstractos menos impresionantes que aquellos fantasmas con que se entretenían en asustarlo sus nodrizas. Estos se llaman ahora: la disciplina, el orden, el trabajo, el espeto, la moral, la autoridad, el patriotismo, la virtud y otras abstracciones por el estilo que tienen por objetivo convertirle en pecados mortales la espontaneidad y la alegría, y en caminos de perdición la libre acción y desobediencia.

Cada vez que veo a un niño arisco patalear y defenderse con lágrimas y ruegos para que no lo dejen en la escuela, recuerdo que en mi infancia montaraz también yo me defendí inútilmente en esa misma forma heroica. Y nunca podré olvidar la impresión recibida de aquel mundo tétrico; especie de frigorífico del alma infantil, donde los dioses sombríos de la moral convencional habían desterrado a todas las deidades sonrientes de la vida, convirtiendo en pecado la sinceridad, la alegría, la gracia y el buen humor.

Julio Barcos

Julio Barcos (1883 -1960), Pedagogo anarquista argentino.

Pero, como para los gobernantes “educar” es “domesticar”, al hombre conviene atemorizarlo desde temprano; helarle la sangre de miedo antes que pueda escupir la herencia de terror que lleva en las venas; paralizar así su mente e intimidar su corazón desde antes que puedan nacer en su alma ideas y sentimientos “herejes”, reñidos con las mentiras seculares que gobiernan la sociedad.

El cura no cumpliría con la moral eclesiástica si no intimidara a su grey con los horrores del infierno. Deber del dómine del Estado es también intimidar normalmente a la niñez con castigos y demonios similares a los que inventó la iglesia para dominar al mundo.

De ahí que la educación oficial comience su obra con un estrupo del alma infantil. ¿Qué extraño que el mundo esté lleno de alienados mentales? Ciertas heridas que recibe el alma del hombre en su infancia perduran en la edad adulta en forma de verdaderos tumores del espíritu que pueden conducir a las más trágicas vesanias.

Bernard Shaw, opinando sobre los errores del sistema educativo inglés, muy superior al nuestro, dijo que no hay tal sistema; y lo que la gente llama sistema educativo solo es un pretexto del que se valen los padres para librarse de la presencia de los hijos. Ellos los entregan primero a los criados y después a los maestros. Y los que no tienen medios para hacer esto, los dejan crecer salvajemente.

No parece que Bernard Shaw hubiera hablado para los ingleses (cuya cultura colectiva es, desde luego, muy superior a la nuestra) sino para nosotros, donde casi todos los padres de familia se creen relevados del deber educar a sus hijos en colaboración estrecha con la escuela pública. Pero ¿por qué los niños pueden resultarnos un estorbo, cuando tanto idealizamos literaria y públicamente la belleza de la infancia?

Por más que queramos hacernos los desentendidos enseguida nos topamos, por este camino, con el problema social.

La constitución de la familia es un reflejo fiel de la mala constitución económica de la sociedad actual.

Por cada hogar rico alijado en un amplio y cómodo edificio construid no solo para ser habitado por adultos sino también por niños, hay un millón de hogares que carecen de esas comodidades y otro millón de familias paupérrimas, donde falta el pan y el abrigo en distintas épocas del año, siendo es una de las determinantes principales de nuestra espantosa mortalidad infantil.


En verdad, los niños no son para estar constantemente encima de los adultos, sino para tener un mundo relativamente independiente aun bajo el mismo techo paterno. Contadas son, por otra parte, las familias ricas que se preocupan al edificar sus casas y edificar sus muebles, de tornar en cuenta las dinámicas proporciones físicas del niño.

¿Qué diríamos nosotros si se nos alojara en casas de gigantes de una corpulencia dos y tres veces mayor que la nuestra?
¿Os concebís subiendo las distantes gradas de la escalera sentándoos a una mesa donde os obligan a usar cubiertos y sillas hechos a la medida de vuestros gigantescos anfitriones?

Pues este huésped incómodo de este mundo de gigantes que somos los adultos es el pobre niño, condenando al suplicio de manejarse a la fuerza de tropezones, golpes y caídas dentro de su casa. Y no penetremos en el mísero hogar proletariado de los inquilinatos o los suburbios, donde grandes y chicos viven hacinados en promiscuidad bestial.

Los doctores de la pedagogía oficialista se desentienden con un despectivo movimiento de hombros de ese problema.

Meter las narices en tugurio hediendo de los miserables es asomarse al infierno de la monstruosa desigualdad social en que vivimos; y mencionarlo solamente, ya es una herejía económica que conducen fatalmente a sacar conclusiones revolucionarias.

Ningún sabio a sueldo del Estado debe tener ideas opuestas a la de sus mandatarios”

El texto lo puedes encontrar en los siguientes puntos de venta.
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