María del Tránsito Caballero, una anarquista en Chile a comienzos del siglo XX

Extraído de El Amanecer
Ella fue, inconstentablemente, una militante a carta cabal. María había nacido en San Felipe en el seno de una familia campesina. A los diez años de edad debió abandonar su hogar para buscar el sustento en la capital. En Santiago ingresó a una lujosa tienda para trabajar como aprendiz de florista. Más tarde se convirtió en sombrerera. Sobreponiéndose a las agotmaria-del-transito-caballeroadoras jornadas de trabajo –desde las ocho de la mañana a las nueve de la noche- la joven se abocó al estudio de la “cuestión social” y durante el rudo invierno de 1900, que dejó a numerosas familias de trabajadores sin techo ni alimentos, canalizó por primera vez sus inquietudes sociales organizando quermeses a favor de los damnificados. Hacia esa época María Caballero ya había ingresado a la “Sociedad Artística” y poco después abrazó el anarquismo. Bajo los seudónimos de “una sombrerera revolucionaria” y “una rebelde” escribió artículos para alentar a sus compañeras a asociarse para obtener mejoras en las condiciones de trabajo[1]. Magno Espinoza contaría posteriormente que durante la huelga tranviaria de 1902 conducida por los ácratas, ella “andaba alentando a las mujeres a ser firmes en sus pretensiones y dándole ejemplo a los hombres”, y que un día atendió personalmente al casi medio centenar de heridos que dejó una carga de la “soldadesca brutal” contra los pacíficos manifestantes[2].

Durante la huelga de los Ferrocarriles del Estado del mismo año, la joven libertaria participó activamente en todas las asambleas y en la velada que se organizó para celebrar el triunfo de los obreros. Pero muy tempranamente, “una cruel enfermedad” la puso ante la disyuntiva de tener que amputarse el brazo derecho o dejarse morir. La “sombrerera revolucionaria” optó por la muerte. El derrumbe del Teatro Lírico de Santiago el 19 de marzo de 1905, que costó la vida a numerosas personas que asistían para escuchar el encendido verbo populista del fraile renegado Juan José Julio Elizalde (más conocido como “Pope Julio”), precipitó el fin de María Caballero, cuando recién frisaba los 25 años de edad. Sus compañeros del Centro de Propaganda Anticlerical Giordano Bruno y del Grupo anarquista “La Luz” en los que militaba con entusiasmo, acompañaron con solemnidad sus restos mortales al cementerio, depositando una siempreviva en su tumba y –según Magno Espinoza- “fortificando su espíritu con su ejemplo”[3].

 

Escrito por Sergio Grez Toso,
Dr. En Historia de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Actualmente es Director del Museo Nacional Benjamin Vicuña Mackena. El siguiente fragmento corresponde a las páginas 153 a 155 de su libro ‘Los Anarquistas y el Movimiento Obrero: La alborada de “La Idea” en Chile, 1893-1915’.

Notas:
[1] Una sombrerera revolucionaria, “Al gremio de sombrereras”, La Luz, Santiago, primera quincena de febrero de 1902 (artículo reproducido in extenso en los anexos del libro); Magno Espinoza, “María Caballero”, Tierra y Libertad, Casablanca, primera quincena de mayo de 1905; Luis A. Pardo, “La catástrofe del Teatro Lírico”, en La Idea, Santiago, abril de 1905, pag. 580.
[2] Espinoza, “María Caballero”, op. Cit.
[3] Espinoza, “María Caballero”, op. Cit.

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