Matriarcado y el origen del Patriarcado, por Élisée Reclus

El estado más bárbaro de la sociedad es aquel en que el hombre domina, no por ser padre, sino porque es el más fuerte, el que aporta mayor cantidad de alimento y reparte los golpes, sea á los enemigos, sea á los débiles de la horda.

Élisée Reclus, Matriarcado, en “Familia, Clases y Poblados” de El Hombre y la Tierra [Tomo I]

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A pronto conmemorarse un nuevo aniversario del Día de la Mujer, recordando el asesinato de más de 150 trabajadoras en el Incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. Un fatídico 25 de marzo de 1911.

Hoy a más de 106 años de los hechos de la lejana ciudad de Nueva York. Tal como el oleaje olisco de las olas en el mar. El  feminismo ha vuelto a resurgir. Se habla y discute tanto en universidades, por la televisión, blog’s en Internet, como en las calles de Barcelona, Buenos Aires o Santiago. Y consigo una serie de conceptos que para muchos hace un par de años eran desconocidos.

Los conceptos “Matriarcado” y “Patriarcado” suelen ser mas antiguos que lo que

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“El Hombre y la Tierra”Edición española, 1905

creemos, por eso creemos necesario volver a uno de los sabios tanto de anarquismo como el estudio de la Humanidad, Élisée Reclus (1830-1905), para que nos explique cual es el origen de las sociedades matriarcales y las sociedades patriarcales. Es por ello que extraíamos un breve texto de la enciclopedia El Hombre y la Tierra (1905) (Disponible también en PDF), dentro del Tomo I, Los Antepasados – Historia Antigua, que contiene los capítulos: Medios Telúricos – Trabajo – Pueblos Retrasados – Familias, Clases, Poblados – Ritmo de la Historia – Irania – Caucasia – Potamia. Es dentro del capitulo: “Familias, Clases, Poblados” (entre las páginas 233-300), y es dentro de ese capitulo donde toca el tema de las sociedades matriarcales y patriarcales en la antigua África, entre las páginas 239 y 250.

Creemos que es importante tener en cuenta, la época en que esta estudiando Reclús, es decir las primeras uniones matrimoniales de clanes en diversas tribus no-civilizadas y con ello tomar en cuenta el contexto en que él escribe, es decir Francia a finales del Siglo XIX yelisee-reclus comienzos del XX (el libro fue publicado poco después de su muerte), por ende consideramos que las sociedades patriarcales cambian y no es la misma sociedad patriarcal, en el contexto de las tribus que estudia Reclús, ni lo que entiende el autor por  “Sociedades Patriarcales”. Queremos decir que el Patriarcado de ayer no es el mismo que oprime hoy a diversas compañeras y mujeres. Por ende recomendamos que para entender lo que es el Patriarcado en el contexto actual, se puede dirigir a alguna compañera feminista que puede que maneje mejor el tema que nosotros como Grupo Anarquista La Boina.

Las cuales transcribimos con mucho cariño para nuestra-os seguidore-as.

Grupo Anarquista La Boina.

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  MATRIARCADO:

   Las diversas formas de unión sexual, desde el régimen de la promiscuidad hasta el libre contrato por consentimiento mutuo, no serían comprendidos si se olvidase que en el matrimonio el hijo es el tercer término de la trinidad familiar; él es quien, en el conjunto social, tuvo la parte de acción más importante, el que modeló el hombre á su imagen, el que dió su cohesión primera al grupo de individuos de ambos sexos que vivían á la aventura, lo mismo que más tarde dió su razón de ser á la familia monogámica.   Sin la influencia preponderante del hijo no podría  explicarse el período del matriarcado, cuya existencia era aún ignorada hasta no hace mucho tiempo y que tantos documentos recientemente estudiados y tantos hechos de observación pruebas haber prevalecido durante muchos siglos en gran número de pueblos. Algunos autores hasta han querido establecer que la humanidad entera, en una evolución primitiva, habría pasado por esta fase: el gobierno de las madres; pero lo que hace mas que dudosa esta hipótesis es que no se encuentra la institución del matriarcado entre los pueblos primitivos muy inferiores, tales como las tribus más atrasadas del Brasil y los indios de la costa californiana, y para buscar las formas de la familia matriarcal hay que dirigirse á grupos étnicos que tengan tras de sí un largo pasado de civilización. El estado más bárbaro de la sociedad es aquel en que el hombre domina, no por ser el padre, sino porque es el más fuerte, el que aporta la mayor cantidad de alimento y reparte los golpes, sea á los enemigos, sea á los débiles de la horda. Por lo demás, los hijos pueden dejarse á la madre, para que conserve su carga y dirección, sin que el padre se crea obligado a respetarla y tratarla como igual: ella es generadora, nodriza, sirviente; pero él resulta el dueño absoluto.

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Países del Matriarcado. Al sur del Río Goalpara, dentro del Territorio de la India, por el lado Este. Al Sur de China y Buthan. Y al Norte de Bangladesh.

   El matriarcado propiamente dicho implica ya cierto refinamiento de costumbres, es muy superior a las edades de la fuerza bruta y de la promiscuidad, si existieron alguna vez, del mismo modo que el período de la propiedad poseída en común por todos los derechos-habitantes de un grupo familiar. Aun en la época en que la horda arrastraba consigo todo el rebaño de los hijos, éstos se agruparían naturalmente detrás de su generadora, contribuyendo así a darle poco a poco la dirección de la familia, que circunstancias felices desarrollarían en poder social y hasta político. Siendo desconocido el padre, o al menos no tenido en cuenta como un ser aventurero, la madre reunía alrededor de su hogar aquellos a quienes había criado y adiestrados para la vida.

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Mapa Actualizado

   La maternidad se desarrollaba así en medio de la barbarie primitiva y daba el primer impulso a la civilización futura. Sobre las cosas de la América meridional,  donde los lazos de la familia se hallan muy relajados para la mayor parte de los hombres y donde prevalece una semipromiscuidad, el matriarcado se organiza naturalmente.

   Quedando fuera de duda la influencia capital del hijo sobre la constitución del matriarcado, es cierto que la acción del medio geográfico ha de haber tenido también alguna parte en esta evolución social. Así es que en los países donde el principal medio de encontrar el alimento consistía en recoger los frutos y en rebuscar las raíces, las mujeres, a quienes sus funciones de madres y de nodrizas indicaban desde luego para ocupar el primer lugar, tenían además otras probabilidades en su favor como dispensadoras de la vida material. Esas probabilidades aumentaban todavía en las regiones poco amenazadas por la guerra, donde el hombre no se elevaba repentinamente al primer lugar en calidad de defensor o de conquistador. Sin embargo, no es cierto que la misma guerra haya dado siempre la supremacía a los hombres, porque la leyenda relativa a las amazonas, en el Antiguo y en el Nuevo Mundo, es harto general para que no admita el hecho de una antigua dominación política de tribus guerreras mandadas por mujeres. Por lo demás, no se trata sólo de leyenda; los ejemplos de mujeres que fueron verdaderos jefes no faltan en la historia.

17103247_10212480407704928_2726730927870059859_n   Pero que hayan o no existido amazonas en tribus políticas distintas, es incontestable que diversas poblaciones han reconocido en absoluto la supremacía de las mujeres, y que en otras, los hombres, aun ejerciendo el poder, se consideraban dependientes de la familia maternal. Herodoto, en un pasaje célebre, dice que los Licios llevaban el nombre de la madre en lugar del padre, y que en su estado se regulaba por el de su generadora. Las inscripciones licias confirman la afirmación del gran viajero, no mencionado más que los nombres de la madre. A los ejemplos de matriarcado en la antigüedad recogidos por Bachofen, Mac Lellan y otros muchos viajeros han añadido los hechos pertenecientes al mundo contemporáneo entre las poblaciones incultas.

   Para no escoger más que una forma típica de ese estado social, pueden citarse los montañeses del Assam, al sud del Brahmputra, los Garros y los Khasias, que aun en nuestros días, a pesar de la influencia de los Hindus y de otras poblaciones de tipo patriarcal, se dividen en clanes que han conservado el nombre de mahari, es decir, “matrias”. Emparentados con los Tibetanos, que también conservan restos de ginecocracia, esos pueblos ven siempre a la mujer como jefe de familia. La viergen garo o khasia hace al joven la proposición de tomarle por marido, y ella procede al rapto del esposo escogido, acompañada de sus amigos y de los servidores del clan materno. El divorcio pertenece a la mujer; a ella corresponde, cuando le place, tirar cinco conchas al aire para que la separación sea pronunciada y vuelva el marido a su matria primera, abandonado los hijos a la dominadora.

   Hasta cuando el hombre haya sido tolerado durante toda su vida, es preciso que se divorcie el día de su muerte: sus cenizas son enviadas a su lugar de origen, mientras que la mujer es quemada con honor en su matria; después, las urnas de los hijos serán colocadas al lado de la urna materna.

   Clasificando todos los hechos relativos a la constitución de la familia primitiva en las diversas comarcas del mundo, Cunow ha podido demostrar claramente que existe una estrecha dependencia entre la constitución familiar y las condiciones económicas del medio. Debido a eso, no se han encontrado jamás instituciones francamente matriarcales en los pueblos pastores.

   Hasta en las hordas errantes en que la descendencia se regulaba por la familia maternal, como entre los Ova-Herreros del África meridional antes de la conquista -quizá hasta la destrucción por un ejército colonial de Europa- no haya modificado sus costumbres, la mujer distaba mucho de llevar el cetro: la mujer obedecía, porque la fortuna procede casi por completo del trabajo del hombre, que es quien conduce los animales al pasto, quien los cuida y protege contra el enemigo, animales feroces y merodeadores; quien ordeña las vacas y fabrica los quesos; quien posee a la vez la fuerza y superioridad del grupo económico: las supervivencias matriarcales del pasado no impiden el dominio efectivo del hombre.

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Amazona Dahomeyana

   Pero allí donde la agricultura llega a ser el trabajado exclusivo de las mujeres, donde los maridos y los hijos están casi siempre ocupados fuera, en la caza, la pesca o la guerra, la situación es absolutamente diferente, allí corresponde a la mujer la misión útil por excelencia en la economía general de la tribu. La agricultura le suministra cosechas de cantidad casi constante, en tanto que los productor aportados por el hombre varían según las aventuras, los azares y el tiempo. La prosperidad común depende en absoluto de la buena gestión de las madres, de su espíritu de orden, de la paz y de la concordia que introducen en el hogar. El afecto natural que les dedican los hijos agrupados a su decisión alguna sin ser antes consultadas; dispensadoras absolutas de la fortuna familiar, acaban por ser reguladoras de todos los asuntos sociales y políticos: aunque los mas fuertes, los hombres se inclinan ante la soberanía moral.

   Entre los Wyandot de la América, el gran consejo de la nación se componía de 44 mujeres y 4 hombres, los cuales en realidad no eran más que los agentes ejecutivos de la voluntad femenina. Pero en las sociedades más desarrolladas, en que la agricultura ha tomado importancia que el hombre abandona casi por completo la caza y la pesca para labrar con fuerza el surco, el eje social cambia en el grupo de los individuos, y de la gran familia matrialcal evoluciona la gran familia patriarcal, como encontramos en tre los antiguos chinos, los japoneses y los romanos (H. Cunow)

   Por lo demás, la palabra “Matriarcado” se presta a la confusión. Imaginase fácilmente que la autoridad de la madre sobre los hijos implica la dominación en la familia o a lo menos la igualdad de la mujer con su padre; pero esas son cosas muy diferentes .

PATRIARCADO

   El poder maternal no impide de ningún modo la brutalidad del marido: no hay en esto, por decirlo, así, más que simplificación del trabajo en el gobierno de la familia. De ese modo, en los Orang-Lauts, que habitaban la península de Malacca, los hijos pertenecen a la madre sola, lo que es verdaderamente el régimen del matriarcado, y, sin embargo, la mujer lleva una existencia desgraciadísima: el marido le pega y no le permite comer en su presencia.

el-hombre-y-la-tierrra   También en Bearn, lo mismo que en el Japón, el marido de una heredera, la mayor de los hijos, va a vivir a la casa de ella y de la misma recibe el nombre, que es á la vez el de la tierra y que se convierte en el de toda su familia: podría concluirse de esto una existencia de un verdadero matriarcado; pero el marido, cualquiera que sea la diferencia hacia la herencia que le da fortuna y nombre, no solo deja de ser el jefe, el dueño positivo.

   La poliandria es una forma de unión que deriva naturalmente del matriarcado. En la unión del hombre y de la mujer, los dos elementos tienden a mantener a pesar de todo su personalidad y por consecuencia a predominar según que el uno o el otro se halle favorecido por el medio. Pues la mujer, dueña absoluta de sus hijos, subordinando el hombre a su poder y siendo su voluntad única en la familia, no tenía que compartir una opinión hostil, tomando sucesivamente, o a la vez, varios favoritos: como reina, no tenía más que escoger; pero siendo su corazón voluntariamente fiel conservador de las primera impresiones, aun en plena poliandria, solía tomar la costumbre de conservar la cohesión familiar, dándose por esposos comunes todos los hijos de una misma madre. Tal era la forma de matrimonio que prevalecía antiguamente en el Tíbet, -el país de los Bods-  y en todas las poblaciones del mismo origen.

 el-hombre-y-la-tierra-antepasados  La poliginia es, en el patriarcado, la institución correspondiente a la de la poliandria en el matriarcado. Sin embargo, no siempre es absoluto el contraste entre los dos tipos de matrimonio que caracterizan la dominación de las madres y la de los padres, y así, el ejemplo que los autores se complacen en citar como testimonio del antiguo matriarcado indica, no obstante, la transición entre los dos sistemas: Draupadi, la esposa de los cinco hijos de Pandu, es la “reina”, no la dueña de la familia; a pesar de haberse dado varios maridos, no ha conservado el gobierno de la casa, sino que obedece. La forma patriarcal se mezcla, pues en este caso particular, a la forma matriarcal.

   Otro ejemplo que suele citarse es el de los Nairs de la costa de Malayalám o Malabar, pero también en ese caso los dos regímenes se entremezclan. Verdaderamente las mujeres Nairs, perteneciendo a la antigua nación guerrera y dominadora, escogen y varían sus esposos, pero están obligadas a tomarlos entre los brahamanes, la casta invasora venida del Norte, armada de ciencia y de astucia, hábil para gobernar amparándose bajo los homenaje tributados a una soberanía oficial.

   Los tipos de estas uniones varían según la mayor o menor influencia de los elementos étnicos representados, pero todos ofrecen el carácter de un compromiso entre instituciones diversas y se arreglan de una manera extraña y complicada. El ejemplo más original de semejantes matrimonios es quizás la “gran unión” colectiva: hombres brahmanes y las mujeres nair se agrupan en sociedades de varios individuos, hasta de doce por sexo, en la que cada individuo, hombre y mujer, tiene derecho sobre otros individuos del sexo opuesto. No es esto el matriarcado ni el patriarcado, sino un sistema doble de poligamia y de poliandria, un sabio retroceso hacia la promiscuidad, pero bajo una forma estrictamente regulada entre propietarios y asociados. Se ha necesitado toda una mezcla de astucia y de depravación teológicas para llegar a semejantes combinaciones. Los tipos sociológicos son tan entremezclados como las razas.

“El patriarcado tiene por origen un acto de fuerza, de rapto, la conquista de hechos de orden histórico”

 

  El patriarcado, que, bajo diversas formas, fuera de la unión libre, ha venido a ser el tipo casi universal del matrimonio en las sociedades modernas, como el matriarcado ha debido tener su origen, no sólo en la prehistoria, sino aun en la prehumanidad. La diferencia de los medios y de la evolución ha hecho surgir necesariamente numerosísimas divergencias de detalle; sin embargo, puede decirle de una manera muy general que el matriarcado se explica por un hecho natural, “el nacimiento del hijo”, y que el patriarcado tiene por origen un acto de fuerza, el rapto, la conquista, hechos de orden histórico.

  No ha sucedido el patriarcado por una evolución lenta a las primeras formas matrimoniales de la agrupación natural de los hijos, como supone Mac Lellan, sino que, por el contrario, esta institución proviene de causas violentas, de acontecimientos bruscos y la evolución ha sido completamente distinta, independiente, lo que no ha impedido combinaciones y mezclas hasta lo infinito entre los dos tipos de matrimonios.

 

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Rapto de Helena, Luca Giordano S. XVII.

 

   El origen de la primera “familia” en el sentido patriarcal, familia muy diferente de lo que en nuestro días se entiende por esta palabra, fué exactamente el mismo origen del Estado. El jefe vencedor se apodera de un país y de todos los habitantes que en él se hallan: es un fundador de imperio. A cada guerrero que forma parte de la banda conquistadora le toca su parte de botín, tierra, cosas y hombres. Todo el que en lo sucesivo obedezca en calidad de esclavo o de concubina el que en lo sucesivo obedezca en calidad de esclavo o de concubina forma parte de la “familia”, término que primitivamente designó el conjunto de los bienes, muebles e inmuebles, hijos y servidores.

  Y el mismo Pater-familias; el cabeza de la familia, no era considerado en su origen como el generador, sino únicamente como el protector de todo el pequeño Estado que le había tocado por conquista o por herencia: el “padre” podía llegar a serlo por mediación de un servidor o de un pariente; hasta después de muerto adquiere hijos legítimos por la institución  de “levirato”, que obliga al hermano a casarse con la mujer del hermano difunto.

  Además de que la guerra, hecho capital en la fundación de esta primera familia patriarcal, las otras condiciones del género de vida contribuyeron a la toma de posesión del poder por el hombre. Entre los grupos que viven únicamente de la caza, el varón lleva el alimento al albergue, en tanto que la mujer cuida de los hijos y se ocupa de los trabajos de la casa. Es, pues, inevitable que en tal situación  goce del padre de la mayor autoridad: como dios dispensador de la carne y de la sangre, puede creerse que tiene algún derecho a la adoración de los suyos. Entre los pueblos nómadas, los varones, como más fuertes, capturan, doman y matan el ganado, y por lo mismo toman todos los derechos sobre las mujeres, más débiles, designadas por la Naturaleza para la preparación de la comida y para el cuidado de los hijos del hombre y de los pequeñuelos de la bestia. En igualdad de condiciones el patriarcado debe, en consistencia, afirmarse singularmente entre esos pastores, sobre todo cuando al mismo tiempo son guerreros y tratan de sojuzgar otras poblaciones, cada nueva remesa de cautivos reacciona sobre la familia del vencedor y rebaja proporcionalmente los derechos de la esposa.

“los hombres, tomando o perdiendo fuerza relativa, sin conservar jamás como institución el punto de equilibrio consistente en la perfecta igualdad de derechos entre los individuos, y, por consiguiente entre los sexos.”

“El patriarcado es, como lo demuestra la historia, el que solió prevalecer, en vista de las dificultades de la lucha por la existencia, que exige el empleo de la fuerza, y del resultado de los conflictos que se producen en las mismas familias.

   A consecuencia de la lucha entre los dos principios, derivados, uno de la solidaridad natural entre el hijo y la madre, otro de la violencia ejercida por los raptores varones, los dos tipos de matrimonio, el matriarcado y el patriarcado se han desarrollado uno junto al otro en la serie de las edades y siguiendo las vicisitudes de los hombres, tomando o perdiendo fuerza relativa, sin conservar jamás como institución el punto de equilibrio consistente en la perfecta igualdad de derechos entre los individuos, y, por consiguiente entre los sexos.

   Sin embardo, en Sumatra eran claramente reconocidas las tres formas de matrimonio: el jugur, por el cual el hombre compraba a la mujer; el ambel-anak, por la cual la mujer compraba al hombre, y el semando o matrimonio de los iguales.

  Así también entre los Hassanyés y los Hamites del Alto Nilo se reconocía frecuentemente a la mujer casada su parte en los productos del cultivo. En el antagonismo continuo de los regímenes, el patriarcado es, como lo demuestra la historia, el que solió prevalecer, en vista de las dificultades de la lucha por la existencia, que exige el empleo de la fuerza, y del resultado de los conflictos que se producen en las mismas familias.

   La mezcla de las tradiciones y de las ideas demuestra que en todas partes, entre las poblaciones esencialmente patriarcales, se conservan aún algunos restos del antiguo matriarcado, rarísimo a veces, como entre los Ba-Lubas del Kasai, en que las mujeres son verdaderas esclavas, adquiridas por dinero, pero donde presiden como “antiguas” a la bendición de las siembras. En otras partes, especialmente en las sociedades bereberes, la mujer, aunque sierva protege al extranjero como una divinidad. Asimismo, en nuestra Edad Media, la mano de la mujer es reemplazada el contado de un altar; pero de tal modo se ha debilitado las huellas de eso en las sociedades modernas fundadas sobre el derecho del marido o del padre, que la virtud misma, virtus, era antes considerada como el monopolio del varón. Y naturalmente, esa pretensión exclusiva a la virtud hubo de engendrar todos los males: celos feroces del marido propietario, brutalidad en la educación de los hijos, cremación de las viudas, práctica y finalmente deber del infanticidio.

    Sabido es que en ciertas comarcas de la India guerrera se habían sometido a ese régimen. ¿No hemos visto en el curso mismo de nuestra recientes civilizaciones, hasta en pleno “siglo de las luces”, los Radjputas o “Hijos de Reyes”, tipos del honor tradicional, casarse invariablemente por la vía del rapto, dejar que ardieran sus madres sobre la hoguera paternal, y matar casi siempre sus hijas, temerosos de no poder casarlas con el suficiente esplendor y riqueza?

  En el caso se evidencia que el grupo social formado por el clan, la tribu o la nación y consolidado por la moral tradicional, tiene más influencia que los sentimientos naturales manifestados en el matrimonio y en el parentesco. Estas afecciones, estas conveniencias personales han de adaptarse a las convenciones dictadas por la opinión pública o son cruelmente desatendidas. La voluntad  común del grupo se impone por dictadura, con tanto mayor poder cuanto la tradición es de origen más remoto y menos razonada: “¡Así se ha hecho siempre!” Habría, pues, muerte rápida de toda asociación por falta de renovación si las vicisitudes de la vida no se encargasen de modificar las agrupaciones por asociaciones cruzadas o rupturas violentas.

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