Josef Goebbels, por Rudolf Rocker

GoebbelstCuando Dante bajó a lo profundo de los infiernos y llegó con el alma desgarrada al último y más hondo abismo, la “ciudad de las esperanzas perdidas”, vio repentinamente ante sus ojos la figura terrible de Satán, rey de los ángeles caídos. Si hubiese un infierno en que sólo se encontrara suciedad, mentira, villanía, hediondez y lodo, y un Dante fuese condenado a bajar a él, tropezaría en el último abismo con la máscara repulsiva del doctor Goebbels.

Jamás hubo un sistema político en la historia con engendros morales de la catadura de los representantes del Tercer Reich. Hitler, el maniático infernal; Goering, a quien el gobierno sueco tuvo que internar en un manicomio para proteger a sus ciudadanos contra su furor; Ley, el borracho consuetudinario, matón embustero; Streicher, el sadista nato, que encuentra en sus excrecencias literarias un desahogo para su vida morbosa. Todos están señalados por el destino y obedecen a los oscuros instintos con que la naturaleza les ha dotado desde la cuna. En una sociedad formal se les encerraría como enfermos en algún establecimiento sanitario adecuado. El hecho de que sean ellos los que se hallan a la cabeza de un sistema llamada a determinar el destino del mundo, es la gran tragedia de nuestro tiempo.

Pero incluso en ese círculo es Josef Goebbels una excepción, pues es el único entre todos que no cree una sola de sus palabras; un embustero profesional para quien cada pensamiento es una villanía. No se le puede definir como una “alma vendida”, pues sería alta traición contra la humanidad atribuir a ese monstruo un alma. Incluso para la mayoría de sus propios compañeros este raro representante de la “raza aria” es odioso; ni el mismo diablo podría establecer de qué mala mezcla ha surgido. Pero es imprescindible para el sistema nazi y está al corriente de los secretos cuyo esclarecimiento podría ser fatal para muchos.

Difícilmente habría podido encontrar el Tercer Reich un mejor ministro de propaganda. Es el organizador de la infamia, el creador de las más monstruosas mentiras, el hombre que, como él mismo dijo, sabe “derramar la brutalidad de las masas en la forma conveniente”. Su misión consiste en envenenar sistemáticamente al pueblo alemán y en inventar cada día nuevos métodos para sofocar la conciencia en el lodo. No sólo en Alemania. De la fábrica de propaganda de este individuo sale a diario una literatura de la peor especie en todos los idiomas para provocar envenenamiento moral del mundo, y como tiene millones a su disposición, apenas puede calcularse el mal que causa.

estrella judiaFue Goebbels el que imaginó el plan de imponer a los judíos el distintivo de la “estrella judaica” amarilla, para entregarles de ese modo, a cada paso, el menosprecio público. Fue el inventor de la espantosa idea de concentrar los judíos de Alemania y de Austria en el gran ghetto de Polonia, para exponerlos al aniquilamiento colectivo fríamente calculado. Los innumerables suicidios que ocurren hoy entre los judíos alemanes demuestran que aquellas víctimas de un granuja sin conciencia prefieren la muerte rápida al lento exterminio en Polonia. Incluso en Alemania se levantan voces contra el crimen que se ha cometido con hombres, mujeres y niños indefensos. Sacerdotes protestantes y católicos piden en sus iglesias la gracia divina para las víctimas inocentes.

Esta fue probablemente la causa por la cual Goebbels lanzó hace semanas un llamado al pueblo alemán en donde se calificaba de delito la compasión hacia los “conspiradores judíos”. Todo enemigo puede entrar en razón cuando está vencidodice el señor Goebbels–, pero no el judío, que solamente cesa de ser peligroso cuando ha sido eliminado de entre los vivos. La falsa compasión hacia él es un crimen contra el propio pueblo, pues el judío es embustero nato, para quien es desconocido el sentido de la verdad. El señor Goebbels, representante de la verdad contra la mendacidad de los judíos, es un espectáculo de los más singulares. ¡Él, que no ha pronunciado en su vida una palabra verídica, que debe toda su existencia a la mentira,
de la que ha nacido!

El señor Goebbels no siempre ha odiado a los judíos. Fue a la escuela del famoso historiador de la literatura judaica Gundolf y conquistó después un puesto de redactor en el Berliner Tageblatt, democrático, publicado por judíos. Con conmovedora imparcialidad ofreció sin éxito a editores cristianos y judíos los frutos de sus ocios literarios. Más tarde explicó que los judíos tenían la culpa de ese desconocimiento de su genio.

El señor Goebbels no pertenece a los fundadores del partido nazi. Fue descubierto ulteriormente por George Strasser y perteneció pronto a los dirigentes de la oposición nazi del Norte contra Hitler; pero como buen negociante ario, descubrió enseguida que el porvenir pertenecía a Hitler, y traicionó, villana y miserablemente, como siempre, a sus antiguos amigos. Durante la primera elección de Hindenburg, contó en cien reuniones que en el periodo de ocupación del Ruhr había sido martirizado durante dos semanas en una prisión belga. Toda la historia de su martirio era una mentira desvergonzada. El jefe nazi Mossakowsky, en catorce ediciones distintas de su periódico Der Nationale Sozialist, le llamó “embustero refinado” y le exigió que lo acusara por injurias públicas. Pero eso no causó la menor impresión en el representante tenas del sentimiento ario del honor, pues pertenece a aquellos a quienes se puede escupir tranquilamente en la cara. Se limpiará y dirá: “Creo que llueve”.

Como poderoso ministro de propaganda de Alemania, se casó Goebbels con la mujer divorciada del gran industrial doctor Quandt, adepto él mismo de los nazis. En esa circunstancia se estableció que la madre de la mujer de Goebbels se había casado en segundas nupcias con un judío llamado Friedländer. Pero el señor Goebbels supo defenderse. Hizo encerrar simplemente al antiguo esposo de la mujer, doctor Quandt, que dio a conocer la historia, por supuesto delito de corrupción, para convencer al mundo de que ni siquiera las consideraciones de familia podían influir en el sentido justiciero del noble Goebbels. El doctor Quandt tuvo que conseguir su liberación por cuatro millones de marcos, de los cuales un millón pasó a la mujer de Goebbels, es decir, al bolsillo del ministro alemán de propaganda. Hasta un judío podría envidiar a Goebbels su habilidad por los negocios.

No, el señor Goebbels no ha odiado siempre a los judíos; ni siquiera los odiaría hoy si no ganase con el odio buenos dineros.

El hecho de que Alemania haya llegado a Hitler es una vergüenza, pero el que también tuviese que aceptar a un sujeto como Goebbels es un pecado que no se puede perdonar nunca.

 

Escrito por el historiador Rudolf Rocker
Extraído de Revista Erosión N°5 Primavera del 2015
Publicado originalmente en  «La Segunda Guerra Mundial: interpretaciones y ensayos de un hombre libre». Traducción de Diego Abad de Santillán. Buenos Aires, Ed. Americalle: 1943. Página 179-182.

 

El autor: Rudolf Rocker (1873-1958)

Rocker, Fermin, 1907-2004; Rudolf Rocker (1873-1958)

Rocker, Fermin; Rudolf Rocker (1873-1958); Tower Hamlets Local History Library and Archives; http://www.artuk.org/artworks/rudolf-rocker-18731958-133401

Fue un historiador, nacido en Berlín, donde joven le interesó la politica, y logró no solo participar, sino que ser un gran activista anarquista.

En el año 1933, arrancando de la Alemania Nazi y su “delirio racista”, Rocker lleva hacia los Estados Unidos, en forma de manuscrito, el libro “Nacionalismo y Cultura“, “una monumental obra de filosofía social“, según el historiador argentino Ángel Cappelletti. (Erosión: 2015)

En el texto «La Segunda Guerra Mundial: interpretaciones y ensayos de un hombre libre», puedes encontrar otros textos como «Hitler o la mentira como sistema político«, donde hace una crítica de como dictador alemán alcanza poder y popularidad en base a su ambigüedad y contradicciones. Y «Sociedad y Clase«, donde crítica postulados marxistas que decían que el proletariado de por si era revolucionario, cuando en la Alemania de la década de los 30, apoyó a uno de las peores dictaduras que han existido en el mundo: el régimen Nacional-Socialista.

También es Rocker es autor de un breve folleto titulado: “¿Porque soy anarquista? que a pesar de tener un método mas propagandístico, sin lugar a dudas recomendamos leer.

1 comentario en “Josef Goebbels, por Rudolf Rocker

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