«La doble lucha de la mujer», Ilse; 1937

El hombre -ni siquiera el compañero anarquista- no la puede ayudar en esto; más bien lo contrario, porque también en él hay tanta vanidad escondida, que, sin que se dé cuenta y con apariencia de amor y amistad mal entendidos, trabaja muchas veces contra la liberación de la mujer.

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El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, solo, combate contra el mundo exterior. Contra un mundo que se opone a sus anhelos de libertad, igualdad y justicia social. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos, primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por sus mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta ya desde hace siglos. Y en esta lucha la mujer está sola.

la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta ya desde hace siglos. Y en esta lucha la mujer está sola.

En los comienzos del movimiento obrero, se decía muchas veces: «Al enemigo lo tenemos en nuestro propio campo«. Había pues, que vender a este enemigo antes de pensar en otras conquistas. Del mismo modo, la mujer que quiera emanciparse en la igualdad de derechos, ha de emprender primero la lucha en su propio campo. Y en la lucha, además de encontrarse sola, además de contar únicamente con ella misma, le dificulta la lucha el enemigo que reside en su propio campo; un enemigo al que nunca ha reconocido conscientemente como tal, al que está ligada íntimamente y por instinto desde su propia infancia.

Primero la familia. No es fácil deshacer las fuertes ligaduras que, por educación y por tradición, existen entre la mujer y la familia. Es duro hacer sufrir a unos padres queridos que no aciertan a transigir con los anhelos libertarios de la hija, que no quieren ayudarla en su lucha, que niegan a la muchacha adolescente el esclarecimiento de la cuestión sexual, que la quieren inducir a la espera pasiva y virginal del hombre que le ofrezca el matrimonio y que le asegure una existencia en la que la mujer, llena de ignorancia y de prejuicios, no suele encontrar la felicidad, sino una vida desolada y triste. Todo esto conducía casi siempre a burlar en secreto las normas materiales, a la insinceridad, al imposible. Y en semejante ambiente se fundaba una nueva familia que por falta de sinceridad -e incluso en el caso de una buena inteligencia sexual entre los dos esposos- coloca a la mujer en una nueva situación embarazosa, determinada por la represión de la personalidad de la mujer.

Y la mujer tiene que combatir a estos enemigos modificando su actitud frente a ellos, luchar contra los prejuicios y las tradiciones, y ya interiormente libre y en condiciones distintas

 

Así, lo subconsciente en la mujer ha de ver por fuerza en todos estos seres queridos -padres, marido e hijos- a enemigos de su libertad. Y la mujer tiene que combatir a estos enemigos modificando su actitud frente a ellos, luchar contra los prejuicios y las tradiciones, y ya interiormente libre y en condiciones distintas, unirse realmente a sus compañeros de otro sexo para luchar juntos contra el enemigo exterior, contra la servidumbre y la opresión.

Es difícil para una mujer determinar exactamente sus ligaduras interiores. Una vez conocidas, ha de ser inexorable consigo misma; ha de renunciar, en primer término, a la cómoda costumbre.  Sola ha de llegar a este convencimiento y sola tiene que luchar; nadie sino el amor a la libertad la puede ayudar en esto. El hombre -ni siquiera el compañero anarquista- no la puede ayudar en esto; más bien lo contrario, porque también en él hay tanta vanidad escondida, que, sin que se dé cuenta y con apariencia de amor y amistad mal entendidos, trabaja muchas veces contra la liberación de la mujer.

Ante tanto obstáculos, es inexplicable la decepción y la tendencia a abandonar la lucha. Pero sed fuertes y aguantad, mujeres de la Revolución. Cuando hayáis conseguido pertenecemos a vosotras mismas; cuando vuestras decisiones en la vida cotidiana obedezcan solo a vuestra propia convicción y no costumbres atávicas; cuando vuestra vida afectiva esté libre de toda consideración sentimental y tradicional; cuando podáis ofrecer vuestro amor, vuestra amistad o vuestra simpatía como expresión genuina de vosotras mismas, entonces os será fácil vencer los obstáculos exteriores. Automáticamente pasaréis a ser personas con libre albedrío e igualdad de derechos sociales, mujeres libres en una sociedad libre que vais a construir junto con el hombre, como sus verdaderas compañeras.

La Revolución ha de comenzar desde abajo. Y desde adentro. Dejad que entre el aire en la vida familiar, vieja angosta. Educad a los niños en libertad y alegría. La vida será mil veces más hermosa cuando la mujer sea realmente una «Mujer Libre«

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El texto fue extraído de líbro «Emancipación. Las anarquistas y la liberación de las mujeres«, Volumen 2 de la Colección Libertarias, de la Editorial Eleuteria. La Edición fue organizada por el Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas.

El texto original se puede encontrar en la Revista de Mujeres Libres (España), en el número correspondiente al VIII mes de la Revolución, año 1937. La Revista Mujeres Libres esta disponible para su libre descarga [AQUI] Para revisar el texto original [AQUI]

Extracto desde Editorial Eleuterio:

https://www.eleuterio.grupogomezrojas.org/wp-content/uploads/2018/03/Portada-emancipacion2.bmp

En este segundo volumen reunimos los escritos de Virgilia D’Andrea (Italia), Raquel (Chile), Luz Meza Cienfuegos (México), Juana Rouco Buela (Argentina), Virginia Bolten (Argentina), Teresa Claramunt (España), Hé Zhèn (China) María Álvarez (Uruguay), Emma Goldman (Estados Unidos), Ilse (España), María Lacerda de Moura (Brasil), Willy Witkop Rocker (Alemania), Una rebelde (Francia), Federica Montseny (España), Alejandrina B. y Ch., (Huacho, Perú), Kytha Kurin (Canadá), María Alarcón (Cuba) que fueron publicados entre los años 1900 y 1980. Su lectura y discusión resultan ser un buen diagnóstico para evaluar el curso de las ideas anarquistas y feministas durante el siglo XX. A su vez, al reunir voces de dichas libertarias, nos permite reflexionar y esclarecer la presencia de mujeres luchadoras a través del globo. Son, a final de cuentas, un conjunto de claves y códigos indispensables para los rumbos y surcos que se abren en cada lucha, en cada espacio de libertad que se crea, en cada círculo donde la solidaridad y la empatía son los principios fundantes de la emancipación y, sobre todo, de la defensa ante la violencia patriarcal que nos sigue oprimiendo.

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2 comentarios en “«La doble lucha de la mujer», Ilse; 1937

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