Libertarias: Virgilia D’Andrea, poeta anarquista italiana

Virgilia D’Andrea

Virgilia_D'Andrea

   Maestra primaria, activista libertaria y poeta, Virgilia D’Andrea es una de esos personajes insoslayables del universo ácrata italiano. Propagandista nata, así en sus escritos como en su oratoria, enalteció su activismo gracia a sus dotes literarios -no por nada el mismísimo Malatesta la llamó la poetessa dell’anarchia-, y se convirtió en una de las figuras centrales del anarquismo de la lengua italiana del Entreguerras, tanto en la península, especialmente en Milán, como en sus exilios parisino y neoyorkino.

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Virgilia D’Andrea (1888-1933)

  D’Andrea nació en Sulmona, una pequeña ciudad de la región central italiana de Abruzos, en el invierno europeo de 1888, en una época de fuertes crisis económicas que ya habían hecho explotar la cuestión social en la península hacía más de una década. La represión de las movilizaciones de trabajadores, y en especial de las iniciativas y asociaciones anarquistas y socialistas, y los grandes flujos de campesinos y obreros que abandonan el país en búsqueda de nuevos horizontes, formaban parte del panorama social de aquellos años.

Virgilia quedó huérfana de madre siendo muy pequeña, y poco años después también su padre dejaría de existir, eliminado por su nueva esposa y en presencia de la futura poeta. En seguida, familiares decidieron enviarla a un internado religioso de la provincia, donde pasó pare de su infancia y su entera adolescencia. Bajo el estricto régimen monacal, Virgilia encontró refugio en los libros, especialmente en la poesía de Ada Negri, Giosuè Carducci y el romántico existencialista Giacomo LEopardi. Fueron estos años de soledad en el monasterio los que legarían fuertemente su vida a la literatura. Fue también en el convento donde escuchó hablar por primera vez de la anarquía, cuando en julio de 1900 las monjas obligaron a sus estudiantes a orar por el descanso del rey Humberto I, muerto ajusticiado por el anarquista Gaetano Bresci.

D’Andrea abandonó el convento religioso en 1909, y luego de conseguir su habitación como maestra primeria en la Universidad de Nápoles se dedicó a ejercer su profesión -la misma que tuviera su madre- en algunas escuelas de pueblos cercanos a su natal Sulmona. Fue entonces cuando su vida tuvo un giro impensado y radical. En enero de 1915 se produjo un fuerte y dramático terremoto en el centro de Italia, el que hizo desaparecer a cientos de personas y sus viviendas, y como si fuera poco, sólo meses después el Estado italiano decidió entrar en la Gran Guerra, a pesar del terremoto, de la crisis, de la pobreza y del abandono del pueblo. Las imágenes de la miseria, de los muertos y de los huérfanos que cruzaban por su cabeza la llevaron a rechazar abiertamente la infamia del militarismo y a comprometerse con el activismo contra la guerra, participando en charlas, seminarios y conferencias. Se vinculó primero con las bases socialistas de los Abruzo, y en seguida se acercó a algunos exponentes del movimiento anarquistas de la región. A través de ellos fue que, en la primavera italiana de 1917, conoció a Armando Borghi, con quien iniciaría a recorrer, casi de inmediato y hasta su muerte, los caminos del anarquismo.

Involucrada más activamente con el ambiente anarquista, la policía italiana comenzó seguir más de cerca los movimiento de Virgilia, pues la consideraba parte importante de la red de contactos en torno a Borghi. Sin embargo, D’Andrea era mucho más que un mero peldaño de las comunicaciones con su compañero. De hecho, cuando Borghi fue relegado a Isernia en el verano de 1917 y bajo estricto control, fue Virgilia D’Andrea quien dirigió y mantuvo las publicaciones de Guerra di Classe, fundado en 1914 por el mismo Borghi y órgano libertario de la Unione Sindacale Italiana (USI).

Con el fin de la guerra, hacia fines de 1918, la agitación social comenzó desplegarse quizás como jamás antes se había visto en Italia y en Europa. Los ecos de la Revolución Rusa aún resonaban fuerte en los oídos de las organizaciones de trabajadores, mientras la crisis económica de la postguerra golpeaba duro a las masas europeas, por lo que los anarquistas se volcaron a la propaganda con el fin de incitar uno y cada de los ímpetus revolucionarios. D’Andrea y Borghi emprendieron una ardua extensa gira de propaganda por el centro y sur del país, instando a los obreros y campesinos a tomar el control de la producción. En diciembre de 1919, en un congreso de la USI, federación obrera fundada en 1912 y en la que participaban activamente los anarquistas y los sindicalistas revolucionarios, Virgilia fue incluida en el secretariado de la central, aún cuando su rol era ya bastante notorio desde había un par de años. Pocos meses después, la USI estableció su sede en Milán, y su local se convirtió también en la casa de D’Andrea, la que compartió con Borghi y con Errico Malatesta, quien apenas había retornado de su exilio. Fue entonces cuando Virgilia y Malatesta comenzaron a tejer fuertes lazos de amistad. De este momento, y en honor a su nuevo amigo, es su poema Il ritorno dell’esule (El retorno del exiliado, 1919).

 

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IV Congresso de la Unione Sindicale Italiana (Roma, 10-12 de marzo 1922). Al centro, Virgilia D’Andrea

 

A partir de 1920, D’ Andrea participó activamente en conferencias e intervenciones públicas políticas y sindicales, además de colaborar permanentemente con escritos para Guerra di Classe y Umanitá Nova, periódico este último fundado en 1920 por Malatesta como órgano de la Unione Anarchica Italiana. La UAInació en Bolonia en julio de ese mismo año, como federación de grupos ácratas autónomos y como «organización de síntesis», en reemplazo de la Unione Comunista Anarchica Italiana, «organización de tendencia». En la primera, además de Malatesta y Borghi, participaron activamente personajes de la talla de Camillo Berneri y Luigi Fabbri, quienes colaboraban también, tal como D’Andrea, con Umanitá Nova, periódico que se vería forzado a suspender sus publicaciones ya hacia fines de 1922, a causa de los violentos y frecuentes ataques sufridos por parte de los squadristi fascistas.

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Bolonia. 1920. De pie: Adalgisa Romagnoli, Errico Malatesta, Clodoveo Bonazzi. Sentados: Virgilia D’Andrea, Armando Borghi.

Durante estos años, Virgilia dio espacio a su prolífico trabajo de escritura también en su producción poética. Además de Il ritorno dell’esule, escribió La presa e la resa delle fabbriche (La toma y la rendición de las fábricas, 1920), poema centrado en el mundo del trabajo y en el combate que los trabajadores italianos libraban en esos agitados años. De este período es también Resurrezione,  versos dedicados a los rebeldes de la región alemana de Rhur y en los que evocaba la rebelión de Espartaco como ejemplo de coraje para las revoluciones modernas.

 

 

En octubre de 1920, Virgilia D’Andrea conoció por primera vez la cárcel, arrestada por las acusaciones de los delitos de conspiración contra los poderes del Estado, incitación a la insurrección, instigación a delinquir y apología del delito. Alrededor de dos meses permaneció recluida, y a su salida, con la mayoría de sus compañeros aún tras las rejas, no se dejó amedrentar y continuó con la propaganda contra el gobierno sacando adelante la publicación de Umanità Nova. Su poema Non sono vinta (¡No estoy vencida) fue escrito durante este período en prisión. Para entonces era ya una constante en la acción de D’Andrea el uso de la poesía como medio de la difusión de sus ideales. La producción lírica de la poeta de aquellos años fue recogida en el volumen Tormento, publicado en Milán en 1922 y en cuyo prefacio el propio Malatesta se refería a la relación de la anarquista y la poesía: «Ella se sirve de la literatura como un arma; y en la trinchera de la batalla, en medio de la turba y cara a cara contra el enemigo, o tras los barrotes de la cárcel, o desde un refugio amigo que le evite la prisión, lanza sus versos como un reto a los prepotentes, una sacudida a los ignorantes, un aliento a los compañeros de la lucha». Con la aparición de Tormento, D’Andrea fue nuevamente acusada por el gobierno de delitos de prensa y de instigación al odio de clases.

Hacia fines de 1922, Virgilia D’Andrea y Armando Borghi se trasladaron a Berlín para participar en el Congreso de la reconstituida Asociación Internacional de Trabajadores. En este viaje, Virgilia conoció a muchos de los más influyentes exponentes del anarquismo internacional, entre ellos Emma Goldmann, Alexander Berkman y Rudolf Rocker, pero la capital alemana fue también el inicio del exilio y de la enfermedad que la llevaría a la muerte. La poeta libertaria no volvería a pisar tierra italiana, la causa pendiente por Tormento le impedía volver a la Península.

Después de un año entre Berlín y Amsterdam, la pareja libertaria se instaló en París, en el Barrio Latino. En la «ciudad de la luz» el ambiente antifascista era bastante activo, e insertándose en el entorno libertario Virgilia y Armando continuaron tenazmente su actividad de propaganda. D’Andrea siguió algunos cursos en La Sorbonne y en mayo de 1926 fundó la revista Veglia, de la cual aparecieron ocho números por espacio de un año y medio. Esta publicación se propuso, con relativo éxito, se una instancia de encuentro y unión de todos los anarquistas. Además, un año antes Virgilia había logrado publicar una nueva selección de escritos, esta vez en prosa, del título L’ora di Maramaldo, obra que contenía varios artículos críticos de Mussolini y del fascismo, pero en el que incluyeron también otros textos, entre ellos Nel covo dei profughi, una celebración del mundo antifascista parisino.

Armando Borghi, Eusebi Carbó y Virgilia D’Andrea al Congresso de la AIT (Amsterdam, 1925)

En 1928, D’Andrea se trasladó a Nueva York, donde Borghi se encontraba desde hacía dos años. Sin renunciar a su activismo, también en la metrópolis norteamericana la anarquista se dedicó activamente a la propaganda y, de hecho, realizó una larga gira que la llevó por varios puntos del país, a pesar de cargar con el cáncer en sus espaldas. Cada uno de sus movimientos era informado a la policía italiana, que la reconocía ya como una «pericolosa rivoluzionaria«. Su oratoria era clara y eficaz, y no lo eran menos sus escritos, muchos de ellos publicados entonces en el neoyorkino L’Aduanata dei Refrattari, periódico anarquista de lengua italiana que veía la luz desde 1922. Los escritos de D’Andrea aparecidos en dicha publicación se destacaron por su lucidez y gran capacidad de síntesis. Su compromiso activista, intenso hasta el final, y que constaba principalmente de giras de propaganda, conferencias y la actividad de escritura, afectaron progresivamente su salud. En 1932, D’Andrea fue intervenida por primera vez luego de una crisis de hemorragia, pero aún así continuó trabajando en el que sería su última obra, Torce nella notte, libro de prosas publicado en Nueva Yor en 1933.

El 1ro de mayo de ese mismo año, a causa de una descomposición de salud, fue internada en un hospital de Nueva York y el día 12, a los 45 años de edad, no pudo ya seguir luchando contra el cáncer.

Temuco – Agosto 2018
JORGE CANALES URRIOLA
Extraído del libro «Tormento» de Virgilia D’Andrea, Editorial Eleuterio (2018)
Edición bilingüe
Puedes conseguir el libro en los siguientes Puntos de distribución.
Imágenes extraídas de Biblioteca Libertaria Armando Borghi

FUENTE:

Tarozzi, Fionera, «D’Andrea, Virgilia» en Dizzionario Biografico degli Anarchici Italiani, Vol. I, Posa, BFS, 2003, pp. 486-488.

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