La lucha por la libertad sexual: “Los Celos”; Émile Armand

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Ocuparse del problema social y olvidar los estragos y la repercusión de este terrible azote social que son los celos sexuales en la humanidad, me parece un ilogismo.

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He aquí varias razones en apoyo de esta opinión:

Los celos causan, un año con otro, de mil a mil doscientas víctimas en Francia [N. del E. el texto fué públicado en 1935]. Esta cifra no concierne, claro está, más que a los dramas y a los estragos de los celos conocidos públicamente. Si la proporción es la misma fuera de Francia, son de 40 a 50.000 víctimas las que este aspecto de la locura inmolaría anualmente.

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2° Hay que considerar los medios a que recurren los celosos para saciar su furor. Se asesina por los celos sexuales, sirviéndose de tijeras, puñales, limas, estiletes, cuchillos de diversas clases, martillos, hachas, hachuelas, cuchillas, cortafríos, trinchetes, navajas de afeitar, flechas, navajas diversas, hoces, machetes, sables, revólveres, ametralladoras, fusiles, etc. Para matar, y matarse, los celosos recurren al envenenamiento, a la defenestración, al ahorcamiento, a la inmersión, a la estrangulación, al escalamiento, etc. Emparedan, calcinan, cortan en trozos, crucifican. La extracción de los ojos, el arrancamiento de la nariz, de las orejas, la ablación de las pares sexuales y de los pechos, y también otras mutilaciones, figuran en el catálogo de los suplicios infligidos a los seres que los celosos pretenden amar con un amor sin rival. No hablo aquí de las denuncias a la justicia. Las cárceles centrales están llenas de pobres pelafustanes proporcionados por celosos de uno y otro sexo. (Si alguien me acusara de exagerar en cuanto a la variedad de los medios puestos en acción para vengarse, le remitiría a un estudio profundo de la sección de los gramas pasionales en los periódicos de Francia y del extranjero).

3° los gestos de usurpación o los crímenes a los cuales llevan los celos que necesitan la intervención de la justicia y el juego de las sanciones penales, esos actos fortalecen las instituciones autoritarias y estrechan más las mallas del contrato social impuesto (1). Sigue leyendo

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Hitler: la mentira como sistema político

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Escrito por el historiador Rudolf Rocker
Extraído de Revista Erosión N° V, Primavera del 2015

Nota:Ante el crecimiento de movimientos nacionalistas en Europa, recordamos un texto publicado en los años 40 por el historiador Rudolf Rocker, donde en un ensayo sensillo señala como un movimiento liderado, por el orador mas importante de la Alemania de los años 30, cautivaba a las masas de alemanes: La Mentira. Sin mencionar la emotividad que nublo toda razón. Hace 80 años atrás. Hoy nos vemos inmersos con nuevos grupos nacionalistas, islamofobos, donde fomentan el odio tanto en Europa, EEUU y America Latina. Con una clara complisidad de los grupos liberales. Que al ver estos movimientos prefieren callar o criminalizar a quienes quieren detenerlos. Como en el caso de EEUU donde liberales tratan a los “anti-fascistas” como “fascistas”. Estúpidos liberales. ”  (septiembre/ 2017)

Hitler, o la mentira como sistema político

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Helmuth von Gerlach, sincero demócrata alemán, llamó al periodo de la pasada guerra mundial la “gran época de la mentira”. Tenía razón. Pero finalmente toda guerra es un periodo de mistificaciones. Aunque no sea más que por el hecho que el adversario sólo en raros casos valoriza justamente al enemigo. Para hacer la guerra se requiere el odio, y el odio no fue nunca amigo de la verdad. El odio es ciego. Con frecuencia cree expresar una verdad, pero sólo se trata de una mentira. Se puede mentir sin ser un mentiroso. En el hombre que odia se oscurecen los conceptos, no puede distinguir lo justo de lo injusto y por ello suele convertirse en mentiroso ante sí mismo y ante los demás. Sigue leyendo

¡El criminal es el elector! [o el votante]

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Extraído del Periódico El Surco N° 29, Octubre 2012
Albert Libertad [1906]

EL CRIMINAL, es el elector.
el criminalllllll es el electorbre

El criminal eres tú, Oh Pueblo puesto que eres tú el Soberano. Eres, es cierto, el criminal inconsciente e ingenuo. Votas y no ves que eres tu propia víctima.

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Albert Libertad (1875-1908)

Sin embargo, todavía no has experimentado suficientemente que los diputados, que prometen defenderte, como todos los gobiernos del mundo presentes y pasados, son mentirosos e impotentes? Lo sabes y de eso te quejas! Lo sabes y los eliges! Los gobernantes, sean quienes sean, trabajaron, trabajan y trabajarán para sus intereses, para los de su casta y para los de sus camarillas. Dónde y cómo podría ser de otro modo? Los gobernados son subalternos y explotados; conoces alguno que no lo sea?

Mientras no comprendas que sólo de ti depende producir y vivir a tu antojo, mientras soportes – por temor – y tú mismo fabriques – por creer en la autoridad necesaria – a jefes y directores, que lo sepas, también tus delegados y amos vivirán de tu trabajo y tu necedad. Te quejas de todo! Pero no eres tú el causante de las mil plagas que te devoran.

Te quejas de la policía, del ejército, de la justicia, de los cuarteles, de las prisiones, de las administraciones, de las leyes, de los ministros, del gobierno, de los financieros, de los especuladores, de los funcionarios, de los patrones, de los sacerdotes, de los propietarios, de los salarios, del paro, del parlamento, de los impuestos, de los aduaneros, de los rentistas, del precio de los víveres, de los arriendos y los alquileres, de las largas jornadas en el taller y en la fábrica, de la magra pitanza, de las privaciones sin número y de la masa infinita de iniquidades sociales.

Te quejas; pero quieres que se mantenga el sistema en el que vegetas. A veces te rebelas, pero siempre para volver a empezar. Eres tú quien lo produce todo, quien labora y siembra, quien forja y teje, quien amasa y transforma, quien construye y fabrica, quien alimenta y fecunda!

Por qué no sacias entonces tu hambre? Por qué eres tú el mal vestido, el mal nutrido, el mal alojado? Sí, por qué el sin pan, el sin zapatos, el sin hogar? Por qué no eres tú tu señor? Por qué te inclinas, obedeces, sirves? Por qué eres tú el inferior, el humillado, el ofendido, el servidor, el esclavo? Tú elaboras todo y no posees nada? Todo es gracias a ti y tú no eres nada.

Me equivoco. Eres el elector, el votante, el que acepta lo que hay; ese que, mediante la papeleta de voto, sanciona todas sus miserias; aquel que al votar, consagra todas sus servidumbres.

Eres el sirviente voluntario, el doméstico amable, el lacayo, el perro que lame el látigo, arrastrándote bajo el puño del amo. Eres el sargento mayor, el carcelero y el soplón. Eres el buen soldado, el portero modelo, el inquilino benévolo. Eres el empleado fiel, el devoto servidor, el campesino sobrio, el obrero resignado a su propia esclavitud. Eres tu propio verdugo. De qué te quejas?

Eres un peligro para todos nosotros, hombres libres, anarquistas. Eres un peligro al igual que los tiranos, que los amos a los que te entregas, que eliges, a los que apoyas, a los que alimentas, que proteges con tus bayonetas, que defiendes con la fuerza bruta, que exaltas con tu ignorancia, que legalizas con tus papeletas de voto y que nos impones por tu imbecilidad.
Sí eres tú el Soberano, al que se adula y engaña. Los discursos te inciensan. Los carteles te atrapan; te encantan las bobadas y las fruslerías: que sigas satisfecho mientras esperas que te fusilen en las colonias y que te masacren en las fronteras a la sombra de tu bandera.
Si lenguas interesadas se relamen tu real excremento, Oh Soberano!; si candidatos hambrientos de mandatos y llenos de banalidades, te acarician el espinazo y la grupa de tu autocracia de papel; si te satisfaces con el incienso y las promesas que vierten sobre ti los que siempre te han traicionado, te engañan y te venderán mañana: es que tú mismo te pareces a ellos. Es que no vales más que la horda de tus famélicos aduladores. Es que, no habiendo podido elevarte a la consciencia de tu individualidad y de tu independencia, eres incapaz de liberarte por ti mismo. No quieres, y por lo tanto no puedes ser libre.

Vamos! Vota bien! Ten confianza en tus mandatarios, cree en tus elegidos!

Pero deja de quejarte. Los yugos que soportas, eres tú quien te los impones. Los crímenes por los que sufres, eres tú quien los cometes. Tú eres el amo, tú eres el criminal y, que ironía, también eres tú el esclavo y la víctima.

Nosotros, cansados de la opresión de los amos que tú nos das, cansados de aguantar su arrogancia, cansados de aguantar tu pasividad, venimos a llamarte a la reflexión, a la acción. Venga, un buen movimiento: quítate el estrecho traje de la legislación, lava rudamente tu cuerpo para que mueran los parásitos y la miseria que te devoran. Sólo entonces podrás vivir plenamente.

“Los han perdido sus principios”, Errico Malatesta

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Por Errico Malatesta (FREEDOM, noviembre de 1914)

Extraído de Archivo Malatesta

Nota: El contexto en el que escribe Malatesta es cuando se esta desarrollando la primera Guerra Mundial, donde muchos anarquistas abandonan su lado anti-militarista y deciden apoyar a los Aliados, un ejemplo claro es su viejo amigo Kropotkin.

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Bajo el riesgo de pasar por simplón, confieso que nunca habría creído posible que los socialistas—incluso los socialdemocratas—vayan a aplaudir y hacerse participes voluntarios, ya sea del lado de los Alemanes o de los Aliados, en una guerra como la que en la actualidad está devastando Europa. ¿Pero qué se puede decir cuando lo mismo es hecho por anarquistas, no en gran cantidad, es verdad, pero entre ellos muchos camaradas a quién ame y respete?

Se dice que la situación presente muestra la bancarrota de “nuestras formulas”—es decir,de nuestro principios—y que será necesario revisarles.

Hablando en términos generales, cada  fórmula debe ser revisada siempre que ella se muestra insuficiente al ponerse en contacto con el hecho; pero no es el caso de estos días, cuando la bancarrota no es derivada de la deficiencia de nuestras fórmulas, sino del hecho de que éstas han sido olvidadas y son traicionadas.

Retornemos a nuestros principios.

No soy un “pacifista”. Yo lucho, como todos lo hacemos, por el triunfo de la paz y de la fraternidad entre todos los seres humanos; Sigue leyendo

Malatesta: “El Amor, el alma del programa anarquista”

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El nombre del texto original es “Un poco de teoría” escrito por Errico Malatesta el 21 de agosto de 1892, para el periódico L’Endehors,

Extraído originalmente de  The Anarchist Library

La revuelta retumba en todas partes. Aquí es la expresión de una idea, y allá el resultado de una necesidad; a menudo es la consecuencia del entrecruce de necesidades e ideas que mutuamente se generan y refuerzan. Se ata a las causas del mal o golpea de cerca, es consciente o instintiva, es humanitaria o brutal, generosa o estrechamente egoísta, pero siempre crece y se extiende.

Es la historia la que avanza: es inútil tomarse el tiempo para quejarse de las rutas que escoge, ya que estas rutas han sido demarcadas por toda la evolución previa.

Pero la historia la hacen las personas; y ya que no queremos seguir siendo espectadores indiferentes y pasivos para con la tragedia histórica, ya que queremos contribuir todas nuestras fuerzas para determinar los eventos que nos parecen más favorables a nuestra causa, debemos tener un criterio que nos guíe en la evaluación de los hechos que se producen, y especialmente en la elección del lugar que ocuparemos en el combate.

El fin justifica los medios: ya hemos hablado muchas pestes de aquella máxima. En

Malatesta

realidad, es la guía universal de conducta.

Podría uno mejor decir: cada fin contiene sus medios. Es necesario buscar la moral en el fin; los medios están fatalmente determinados.

El fin que uno propone como dado, por voluntad o por necesidad, el gran problema de la vida es hallar los medios que, de acuerdo a las circunstancias, conducen con mayor certeza y con mayor economía al fin ansiado. La manera como uno resuelve ese problema depende, por mucho que pueda depender de la voluntad humana, de si un individuo o un partido alcanza su propio fin, de si será útil a su causa o si sirve, sin desearlo, a la causa enemiga. Sigue leyendo

“Vota, sí, vota; pero escucha”, por Ricardo Mella

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Extraído de The Anarchist Library / Biblioteca Anarquista
Escrito por Ricardo Mella
Publicado originalmente en Solidaridad Obrera, núm. 4. Gijón, 25 de diciembre de 1909.
Ver mas en https://ricardomella.org/

Biografía:

“Ricardo Mella nace el 23 de noviembre de 1864 en Vigo, España. Se presenta en 1882 al Congreso de la Federación Regional Española como anarquista, influido por las ideas de P. J. Proudhon, Herbert Spencer y Francisco Pi y Margall. Desde entonces, comienza una activa vida de producción intelectual cuya primera expresión dos trabajos al Certamen Socialista. Cuatro años más tarde, en 1889, Mella participa del Segundo Certamen Socialista (“la fiesta mayor de la anarquía”) presentando diversos trabajo que le permitieron “brillar en el campo social como figura de primera magnitud”. según señala Pedro Sierra, quien documentó su vida y obra. A partir de ese año, la colaboración de Mella comienza a ser solicitadísima en publicaciones de España y el extranjero. Cabe destacar que Ricardo Mella no vivía de su pluma. Su profesión era la de topógrafo. Fallece en 1925.”

 

La breve biografía anterior es extraída del libro “Por la anarquía” de Ricardo Mella editado por Editorial Eleuterio el año 2016, disponible para su libre descarga AQUI

 

Ricardo-Mella-Anarquismo-Acracia

Tuve, en vísperas de las pasadas elecciones, la humorada de asomarme al paraíso de cierto teatro donde se celebraba un mitin electoral. Era para mí un espectáculo nuevo en el que tomaban parte antiguos amigos de amplias ideas con gentes nuevas de limitadísimas orientaciones. Salí de allí con la cabeza caliente y los pies fríos. Tuve que soportar una regular jaqueca de providencialismo político y, naturalmente, sufrí las consecuencias. Estoy maravillado. No pasan días por las gentes. No hay experiencia bastante fuerte para abrirles los ojos. No hay razón que los aparte de la rutina.

Como los creyentes que todo lo fían a la providencia, así los radicales, aunque se llamen socialistas, continúan ponien­do sus esperanzas en los concejales y diputados y ministros del respectivo partido. «Nuestros concejales harán esto y lo otro y lo de más allá». «Nuestros diputados conquistarán tanto y cuanto y tanto más.» «Nuestros ministros decretarán, crearán, transformarán cuanto haya que decretar, crear y transformar». Tal es la enseñanza de ayer, de hoy y de ma­ñana. Y así el pueblo, a quien se apela a toda hora, sigue aprendiendo que no tiene otra cosa que hacer sino votar y esperar pacientemente a que todo se le dé hecho. Y va y vota y espera.

Tentado estuve de pedir la palabra y arremeter de frente contra la falaz rutina que así adormece a las gentes. Tentado estuve de gritar al obrero allí presente y en gran mayoría:

«Vota, sí, vota; pero escucha. Tu primer deber es salir de aquí y seguidamente actuar por cuenta propia. Ve y en cada barrio abre una escuela laica, funda un periódico, una biblioteca; organiza un centro de cultura, un sindicato, un círculo obrero, una cooperación, algo de lo mucho que te queda por hacer. Y verás, cuando esto hayas hecho, como los concejales, los diputados y los ministros, aunque no sean tus representantes, los representantes de tus ideas, siguen esta corriente de acción y, por seguirla, promulgan leyes que ni les pides ni necesitas; administran conforme a estas ten­dencias, aunque tu nada les exijas; gobiernan, en fin, según el ambiente por ti creado directamente, aunque a ti maldito lo que te importe de lo que ellos hagan. Mientras que ahora, como te cruzas de brazos y duermes sobre los laureles del voto-providencia, concejales, diputados y ministros, por muy radicales y socialistas que sean, continuarán la rutina de los discursos vacíos, de las leyes necias y de la administración cominera. Y suspirarás por la instrucción popular, y conti­nuarás tan burro como antes, clamarás por la libertad y tan amarrado como antes a la argolla del salario seguirás, de­mandarás equidad, justicia, solidaridad, y te darán fárragos y más fárragos de decretos, de leyes, reglamentos, pero ni una pizca de aquello a que tienes derecho y no gozas porque ni sabes ni quieres tomártelo por tu mano».

«¿Quieres cultura, libertad, igualdad, justicia? Pues ve y conquístalas, no quieras que otros vengan a dártelas. La fuerza que tú no tengas, siéndolo todo, no la tendrán unos cuantos, pequeña parte de ti mismo. Ese milagro de la polí­tica no se ha realizado nunca, no se realizará jamás. Tu emancipación será tu obra misma, o no te emanciparás en todos los siglos de los siglos».

«Y ahora ve y vota y remacha tu cadena».

[Documento] La rebeldía no es anarquismo, Enrique Arenas, 1919

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Se puede ser rebelde y no anarquista; pero no se puede ser anarquista sin ser rebelde; de aquí que, afirmemos que la rebeldía no es anarquismo.

Por Enrique Arenas, Publicado en El Surco N° 25, Iquique, Diciembre de 1919. [Descargar]

Enrique C. Arenas Robles (1894-1928) fue un impulsor del anarquismo en Chile. Se destaca la enorme labor que realizó en el periódico “El Surco” y en el semanario “El Sembrador”, publicado en Iquique y luego en Valparaíso.

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La Rebeldía no es anarquismo

Debido a un desconocimiento absoluto de las teorías anarquistas, a menudo se confunde la rebeldía con el anarquismo, y las manifestaciones violentas se toman como actos engendrados por la idea misma, lo que no es exacto si sometemos estas cuestiones a un examen prolijo.

Un individuo atenta contra la vida de un rey, presidente o cualquier hombre de Estado, se le llama anarquista. Otro se rebela contra esta o aquella imposición, y también se dice que es anarquista.

Si admitiéramos esta teoría daría por resultado que la humanidad entera es anarquista, porque la rebeldía es ingénita en el ser humano, y no obstante esto, no todos son anarquistas; lo que evidencia pues, que no todos los actos de rebeldía son manifestaciones del anarquismo, ni puede decirse que la rebeldía lo constituye.

Se puede ser rebelde y no anarquista; pero no se puede ser anarquista sin ser rebelde; de aquí que, afirmemos que la rebeldía no es anarquismo.

¿Quién no ha visto a pequeñas criaturitas desobedecer a la voz imperiosa del padre o a la amenaza de lo rebencazos de la madre? Pues bien, esos actos de desobediencia son otra cosa que la rebeldía instintiva de los seres, pero en ningún caso podría decirse, porque sería ridículo, que esas criaturas son anarquistas, porque son muy rebeldes.

De igual modo no se puede llamar anarquista al obrero que contravenga una imposición patronal o proteste contra la injusticia, impulsado por ese sentimiento rebelde que genera la mayor parte de las acciones humanas y no porque sea el fruto de un razonamiento desapasionado, de un análisis sereno e imparcial. Los que así obran son rebeldes, pero no anarquistas.

Basta que al individuo se le haga la más insignificante imposición para que le choque, le hiera su dignidad y rebele contra lo ordenado, obrando, no como se le ha dicho, sino como le parece mejor, aun cuando esté convencido que sus resultados han de ser contrarios a los esperados, manifestándose con esto la rebeldía inconsciente, el impulso ciego e irracional.

Y el anarquista no obra jamás bajo ese impulso ciego, sino que obra ajustando sus actos al producto de una reflexión madura, de un completo dominio sobre su persona y las cosas. Nunca protesta sin razón, sin tener plena conciencia de lo que hace, ni se rebela por instinto, sino por convicción, cuando está seguro que puede hacer algo más justo, más artístico, más humano, más bello, algo superior a lo que se le ha ordenado o se le pretende someter.

El rebelde no anarquista obra inconscientemente, mientras que toda la obra del anarquista es el fruto de un profundo y detenido estudio.

Esta rebeldía inconsciente que es innata en todos los seres, tórnase consciente, sufre metaforseamientos infinitos cuando los individuos se posesionan de las ideas anarquistas; superándose cada vez más, a medida de los nuevos conocimientos adquiridos, hasta extinguir por completo la acción inconsciente e impulsiva, para dar paso a la acción pensada y razonada.

* * *

En cuanto a los actos violentos de algunos anarquistas, no han sido nunca impulsados por la concepción anarquista, sino por causales independientes del ideal; siendo, por consiguiente, un error creer que una de las modalidades del anarquismo es la violencia.

La mayor parte de las gentes tiene muy mal concepto de los anarquistas; se figuran que son tipos capaces de todo: de instintos salvajes y mirada terrible, lo que resulta siempre contrario. El anarquista, por lo general, es incapaz de causar el menor daño, a menos de ser atacado, y sus instintos, debido a su estudio, son más elevados que los de la generalidad, son más humanos.

La violencia no es la finalidad del anarquismo, sino actos engendrados por la represión y persecución de que son objeto los anarquistas; pero de ningún modo puede decirse que la violencia es una consecuencia engendrada por la idea misma.

[Critica al Ilegalismo] Errico Malatesta: Los Bandidos Trágicos (1913)

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Extraído de rebeldealegre
Publicado originalmente Publicado en La Société Nouvelle,
año 19, No. 2, Agosto de 1913.

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Parecería tarde para hablar aún de ello, pero el tema no obstante sigue siendo actual, dado que estamos tratando con actos y discusiones que han ocurrido una y otra vez en el pasado y que, ay, se repetirán también en el futuro mientras las causas determinantes no hayan desaparecido.
Unos cuantos individuos robaron, y para robar, mataron; mataron al azar, sin discernimiento, a quien se pusiese en medio de ellos y el dinero tras el cual iban. Mataron a personas desconocidas para ellos, trabajadores, víctimas como ellos mismos, e incluso más, de una mala organización social.
En el fondo no hubo nada en esto sino lo de costumbre: fueron ellos el agrio fruto que maduró en el árbol del privilegio en el curso normal de los eventos. Cuando toda la vida social está manchada de fraude y violencia, y cuando aquel que nace pobre está condenado a todo tipo de sufrimientos y humillaciones; cuando el dinero es algo indispensable para la satisfacción de nuestras necesidades y para el respeto hacia nuestra personalidad, y cuando para tantas personas es imposible obtenerlo por medio del trabajo honesto y digno, no hay razón para sorprenderse si de tiempo en tiempo emergen unos cuantos infortunados que, cansados del yugo e inspirados por la moral burguesa, pero sin poder apropiarse del trabajo de otros bajo la protección de los gendarmes, roba ilegalmente bajo las narices de éstos últimos. Ya que para robar no pueden organizar expediciones militares ni vender veneno disfrazado de alimento, asesinan directamente con revólveres o dagas.
Pero los “bandidos” se llamaban a sí mismos anarquistas y eso le dio una importancia y un significado simbólico a hazañas que estaban lejos de tenerlo por sí solas.

“Le Petit Journal”, periódico Francés ( 1863 – 1944.)

La burguesía saca provecho de la impresión que tales actos producen en el público para así denigrar al anarquismo y consolidar su propio poder. La policía, que con frecuencia son los instigadores secretos de estas hazañas, las utilizan para magnificar su propia importancia y para satisfacer sus instintos persecutorios y asesinos de modo de recuperar el costo de la sangre derramada en moneda fuerte y promociones. Lo que es más, dado que se habló del anarquismo, un número de nuestros camaradas se sintió obligado a no negar lo que se llama a sí mismo anarquista. Muchos, fascinados por lo coloreado de la aventura, admirando el coraje de los protagonistas, vio en esto nada más que un acto de rebelión contra la ley, olvidando examinar el por qué y el cómo.

Pero me parece que para determinar nuestra conducta, y aconsejar a la de otros, es importante examinar las cosas con calma, para juzgarlas de acuerdo a nuestras aspiraciones y para no conceder a las impresiones estéticas más valor del que tienen en realidad.
Seguro estos hombres fueron corajudos, y el coraje (que quizás es nada más que buena salud física) es sin temor alguno a la contradicción una cualidad maravillosa. Pero puede ser usada al servicio tanto del mal como del bien. Hemos visto personas corajudas entre los mártires de la libertad y también entre los más odiosos tiranos. Puede hallarse en revolucionarios como también puede hallarse entre camorristas, soldados y policías. Normalmente calificamos correctamente de héroes a quienes arriesgan sus vidas por el bien y tratamos de individuos violentos o, en los casos más serios, como brutos sin sentimientos y sedientos de sangre, a quienes usan su coraje para hacer mal.
No negaré lo colorido de estos episodios e incluso, en cierto sentido, su belleza estética. Pero los poetas admiradores del “beau gestedebiesen tomarse la molestia de reflexionar un poco.
Un automóvil yendo a toda velocidad, conducido por hombres armados con Brownings que esparcen el terror y la muerte en su camino es más moderno pero no más colorido que un bandolero de sombrero emplumado armado con un trabuco que asalta y roba a una caravana de viajantes, o que el barón feudal, vestido de acero y sentado en un caballo de guerra demandando su parte a una persona común, y no tiene más valor. Si el gobierno italiano hubiese tenido algo más que generales de operetta y jefes ignorantes y ladrones quizás hubiese logrado una bella operación militar en Libia, pero ¿hubiese sido la guerra en algo menos criminal o moralmente horrorosa por eso?
Sin embargo estos bandidos no eran, o al menos no todos eran, criminales vulgares.
Entre estos “ladrones” había idealistas desorientados; entre estos “asesinos” había naturalezas heróicas que en otras circunstancias, o inspirados por otras ideas, podrían haberse afirmado como tales. Lo cierto para quienes les conocían es que estos individuos estaban preocupados con ideas y que, si reaccionaron con ferocidad para satisfacer sus pasiones y sus necesidades, fue en gran medida bajo la influencia de una noción especial de la vida y la lucha.
¿Pero son anarquistas estas ideas?
¿Pueden estas ideas, aún si le concedemos a las palabras su sentido más amplio, ser confundidas con el anarquismo, o están, por el contrario, en flagrante contradicción con él?Ese es el asunto.

* * *

Un anarquista es, por definición, alguien que no quiere ser oprimido ni opresor, que quiere el máximo de bienestar, la mayor cantidad de libertad, el más completo florecer de todos los humanos.

Sus ideas, sus deseos, todos rescatan sus orígenes del sentimiento de simpatía, del respeto por todos los seres, un sentimiento que debe ser lo suficientemente fuerte como para llevarle a desear la felicidad de los demás tanto como la propia, y para renunciar a las ventajas personales cuya obtención requiere el sacrificio de otros. Si este no fuera el caso, ¿por qué sería enemigo de la opresión y por qué buscaría no ser un opresor?
El anarquista sabe que el individuo no puede vivir fuera de la sociedad. Que por el contrario, como ser humano existe solamente porque carga, resumidos en él, con los resultados de las obras de incontables generaciones pasadas, y porque se beneficia toda su vida de la colaboración de sus contemporáneos.
Sabe también que la actividad de cada cual influye directa o indirectamente en la vida de todos, y por ende reconoce la gran ley de la solidaridad que reina en la sociedad así como también en la naturaleza. Y ya que desea la libertad para todos debe desear que la actividad de aquella solidaridad necesaria, en vez de ser impuesta y aceptada inconsciente e involuntariamente, en vez de ser dejada al azar y explotada para el beneficio de algunos y para el detrimento de otros, se vuelva consciente y voluntaria y que se manifieste en igual beneficio para todos.
O ser el oprimido o el opresor, o cooperar para el bien mayor de todos: no hay otras alternativas. Y los anarquistas están naturalmente — y no podría ser de otro modo — por la cooperación libre y consensuada.
Entonces no “filosofemos” ni hablemos de egoísmo, altruísmo y otros acertijos. Concordaremos con gusto: somos egoístas. Todos nosotros buscamos nuestra propia satisfacción, pero es  anarquista quien encontrará su mayor satisfacción en luchar por el bien de todos, por la venida de una sociedad dentro de la cual se sentirá hermano entre sus hermanos, entre seres humanos saludables, inteligentes, ilustrados y felices. Quien puede vivir satisfecho entre esclavos y puede sacar provecho del trabajo de esclavos no es, y no puede ser, anarquista.
Hay individuos fuertes, inteligentes, apasionados, presos de grandes necesidades materiales o intelectuales que, puestos en las filas de los oprimidos, quieren a cualquier costo liberarse y, para hacerlo, no dudan en volverse opresores. Estos individuos, hallándose bloqueados por la sociedad actual, llegan a odiar y despreciar a todas las sociedades y, cayendo en cuenta de que sería absurdo querer vivir fuera de la colectividad, quieren hacer que todas las personas se sometan a su voluntad, a la satisfacción de sus propias pasiones. A veces, cuando están de algún modo enamorados de la literatura, se llaman a sí mismos “superhombres.” Inescrupulosos, quieren “vivir sus vidas.”
Burlándose de la revolución y de toda esperanza del futuro, quieren disfrutar el momento a cualquier precio y con desdén por todos. Sacrificarían a toda la humanidad por una hora — y algunos lo han dicho literalmente — de “vida intensa.”
Son rebeldes, pero no anarquistas. Tienen la mentalidad, los sentimientos de burgués fracasado, y si se las arreglan para tener éxito se convierten en reales burgueses, y ni un poco menos terribles entre ellos.
En el curso de la lucha ocurre a veces que los encontramos a nuestro lado, pero no podemos, no debemos, ni tampoco queremos confundirnos con ellos. Y ellos saben esto muy bien.

* * *

Pero muchos entre ellos aman llamarse anarquistas. Es cierto, y deplorable.

Por supuesto no podemos impedirle a las personas adoptar el nombre que gusten, y de nuestra parte no podemos abandonar el nombre que resume nuestras ideas y que nos pertenece, lógicamente e históricamente. Lo que podemos hacer es asegurarnos de que no haya confusión al respecto, o al menos la menor cantidad de confusión posible.Sin embargo, debemos intentar descubrir cómo es que individuos con aspiraciones tan contrarias a las nuestras han podido apropiarse de un nombre que es la negación de sus ideas, de sus sentimientos.

Aludí antes a las sospechosas maniobras de la policía, y sería fácil para mí probar que ciertas aberraciones por las que han intentado culpar a los anarquistas tuvieron como lugar de origen los antros de perdición de la policía: Andrieux, Goron y su estirpe.
En el momento en que el anarquismo comenzó a manifestarse y a obtener importancia en Francia la policía tuvo la brillante idea, digna del más ladino de los jesuítas, de luchar contra el movimiento desde dentro. Con este fin en mente enviaron agentes provocadores entre los anarquistas que simulaban aires ultra-revolucionarios e ideas anarquistas hábilmente parodiadas, las volvían grotescas y diametralmente opuestas a lo que son en realidad. Fundaron periódicos pagados por la policía, provocaron actos dementes y criminales de manera de ponerlas de muestra y que calificasen como anarquistas, comprometieron a inocentes y sinceros jóvenes a quienes poco después delataron y, con la complicidad de la prensa burguesa, lograron persuadir a una parte del público que el anarquismo era lo que ellos presentaban. Y los compañeros franceses tienen buena razón para creer que las mismas maniobras policíacas están todavía llevándose a cabo y que no son ajenos a los eventos que estamos tratando en este artículo. A veces los eventos exceden a las intenciones de los provocadores, pero en cualquier caso, la policía se beneficia de ellos de igual modo.
Debemos añadir a estas influencias de la policía otras que son menos desagradables pero no menos dañinas. En un momento en que sorprendentes atentados atrajeron la atención del público a las ideas anarquistas, escritores de talento, profesionales del bolígrafo siempre en búsqueda de un tema novedoso y la sensacional paradoja, se dispusieron a hacer anarquismo. Y ya que eran burgueses de mentalidad y educación, con ambiciones burguesas, hicieron al anarquismo algo adecuado como para dar a las imaginativas jóvenes y las indiferentes señoras un escalofrío sensual, pero que nada tenía

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Gabriele D’Annunzio ( 1863 – 1938) Novelista, poeta, dramaturgo, militar y político italiano

que ver con el movimiento emancipador de las masas que el anarquismo puede provocar… Eran hombres de talento, que escribían bien, a menudo proponiendo cosas que nadie entendía y… eran admirados. En cierto momento ¿no se dijo en Italia que Gabriele D’Annunzio se había vuelto socialista?

Luego de un tiempo estos “intelectuales” volvieron al seno burgués para probar ahí el precio de la notoriedad adquirida, mostrando ser lo que nunca dejaron de ser: aventureros literarios en busca de publicidad. Pero el daño ya se había hecho.

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En resumen, nada de esto hubiese causado gran daño si solo existiesen personas con ideas claras, sabiendo claramente qué quieren y actuando en consecuencia. Pero junto a ellos cuántos hay con ideas confundidas, sus almas inciertas, yendo sin cesar de un extremo al otro.

Así es como es con aquellos quienes se llaman y se creen anarquistas pero que se glorifican en los viles actos que cometen (y que son generalmente excusables por necesidad o por su entorno) diciendo que los burgueses actúan de igual modo, e incluso peor. Esto es cierto, pero ¿por qué entonces pensar que eres distinto o mejor que ellos?
Condenan a los burgueses porque roban al trabajador buena parte de su trabajo, pero nada tienen que decir si uno de los suyos roba al trabajador lo poco que el burgués le dejó.
Se indignan cuando el patrón, para incrementar sus ganancias, hace trabajar a una persona en condiciones insalubres, pero están llenos de indulgencia por quien apuñala a la persona para robar unos cuantos sous.
No tienen más que desdén por el usurero que extorsiona unos cuantos francos de interés al pobre diablo por los diez francos que le prestó, pero encuentran estimable que uno de ellos tome diez francos de él de diez (que no le prestó) pasándole una moneda falsa.
Ya que son pobres de espíritu creen ser seres naturalmente superiores y sienten un profundo desprecio por las “masas atontadas,” arrogándose el derecho a hacer daño a trabajadores, a los pobres, y a los desafortunados porque “ellos no se rebelan y son por lo tanto defensores de la sociedad actual.” conclusionmalatesta7475_n
Conozco a un capitalista que, al sentarse en un café, se place en llamarse socialista, o incluso anarquista, pero en su fábrica no es menos explotador: un patrón avaro, duro, orgulloso. Y no lo niega en absoluto, pero tiene el hábito de justificar su conducta de un modo bastante original para un patrón:
“Mis trabajadores,” argumenta, “merecen el tratamiento que les hago sufrir, ya que se someten a él. Tienen personalidad de esclavos, y son defensores del régimen burgués, etc. etc.”
Este es exactamente el lenguaje de aquellos que se llaman anarquistas pero que no sienten ni simpatía ni solidaridad para con los oprimidos. La conclusión sería que sus verdaderos amigos son los patrones y sus enemigos la masa de los desheredados.
Bien entonces, ¿qué hacen hablando de emancipación y anarquismo? Que se vayan con la burguesía y nos dejen a nosotros en paz.
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He dicho suficiente y debo concluir.
Concluiré dando algunos consejos a aquellos que quieren “vivir sus vidas” y que no les importa la vida de los demás.
El robo y el asesinato son medios peligrosos y, en general, no muy rentables. Por ese camino solo logras pasar la vida en prisión o dejar tu cabeza en la guillotina — especialmente si tienes la impudicia de atraer la atención de la policía llamándote anarquista y frecuentando anarquistas.Es difícilmente un asunto rentable.

Cuando eres inteligente, enérgico e inescrupuloso es fácil hacerte paso entre la burguesía.
Que entonces se esmeren mediante el robo y el asesinato legal para volverse burgueses. Les iría mucho mejor, y si es cierto que tienen simpatías intelectuales con el anarquismo se evitarán el disgusto de dañar la causa que les es querida — intelectualmente.

[Documento Histórico] Religión de la humanidad, Carta a Alejandro Escobar, 1903

Cita

carta alejandro escobarDocumento de 1903 escrito por Juan Enrique Lagarrigue.:

“La verdadera regeneración social consiste en seguir la Religión de la Humanidad, que concilia el orden y el progreso, el capital y el trabajo, la ciencia y la virtud. Pero al encaminarnos al porvenir, seamos justos con el pasado. A las antiguas creencias se les aprecia de ordinario por el aniquilamiento en que hoy se encuentran, desconociéndoles los servicios que prestaron cuando se hallaban en armonía con la situación. Hay que rectilicar ese criterio. No es razonable, por ejemplo, juzgar al catolicismo por la ruina en que lo vemos ahora. En la Edad Media fué una .doctrina de vanguardia y en carnaba el progreso humano.”

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