La autoridad como estímulo al desorden

José_Santos_González_Vera

Por José Santos González Vera, 1921.

¿Por qué no podría uno separar la idea de autoridad del concepto del abuso? Sin embargo, en principio resulta imposible concebirlos como parte de un mismo algo.
La autoridad, a través de nuestros profesores, se nos presenta como un poder severo y a la vez reflexivo; como un poder que no se apasiona ni es parcial; como una fuerza que contiene los ímpetus expansivos del fuerte y que tonifica al débil.


Especulativamente llegamos a creer que es también una barrera entre los antagonismos y un término de conciliación para los dogmas; pero lo que más nos halaga es su fisonomía inflexible, su carácter anulador de excepciones, su proximidad a lo absoluto. Esto y mucho más se idea cuando uno consigue desmembrarse de la realidad.
La experimentación y la participación en los pequeños y grande fenómenos que ocurren en nuestro medio tienden a desvalorizar el concepto de autoridad. Y no sólo a desvalorizarlo, sino a restarle nitidez, a corroer su esencia y a desvirtuarla.
De la comparación suele también quedarnos la certidumbre de que la autoridad como idea es rectamente contraria a la autoridad como acción.
Y dentro de esta vinculación es donde se nos empiezan a amalgamar los conceptos de autoridad y abuso.
Toda manifestación de autoridad nos hiere y nos humilla. En cada una de sus acciones vemos un atentado a nuestra individualidad.
Cuando constatamos este desdoblamiento, cuando logramos precisar que tiene dos fisonomías, se nos plantea un problema. Pensamos: ¿La idea de autoridad es perniciosa? O contrariamente, ¿el hombre es incapaz de aplicarla? Y, francamente, no sabemos, al primer momento, qué camino mirar;
porque la idea nos molesta desde que encierra una limitación, y el hombre nos parece un traductor detestable por estar sujeto a las mismas circunstancias que los demás.
Vemos, anudando un hecho con otro, que la autoridad obra con dureza cuando se trata del mayor número y con suavidad cuando su rigor debe proyectarse hacia arriba.
Hay en los representantes del poder un desprecio inmenso contra los que forman la colmena, contra los que ocupan sus manos en labores útiles.
Y sin embargo….si esos hombres se cansaran…¡Ah! Bien sabemos que dicha institución no subsistiría mucho; pero esto es proyectar.
Vivimos bajo el imperio del poder y aun cuando no nos merece ningún respeto, creemos que no es inútil del todo que dicho poder se mantenga dentro del marco legal.
Hace días un obrero fue asesinado por la autoridad:el obrero quería detener un vehículo o impedir que un trabajo prosiguiera; escandalizó un poco, tal vez.
Con haberlo apresado, el orden se habría mantenido inalterable; pero no. La autoridad, que tiene la misión de defender el orden, inició su ruptura y en una forma fatal y bruta.

Santiago, 9 de Julio de 1921
Texto aparecido originalmente en Claridad, Periódico semanal de sociología,
crítica y actualidades
Extraído de la Revista Erosión Nº1, Segundo Semestre 2012.
Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas

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