Hacia la anarquía, Errico Malatesta

Extraído de “El Método de la Libertad, Una antología de Errico Malatesta

Traducido al Español por RebeldeAlegre, 2015

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Es una opinión general que nosotros, porque nos denominamos revolucionarios, esperamos que la Anarquía llegue de un solo golpe —como resultado inmediato de una insurrección que ataque violentamente todo lo que existe y que lo reemplace con instituciones realmente nuevas. Y a decir verdad, esta idea tampoco falta entre algunos compañeros quienes también conciben la revolución de tal modo.

Este prejuicio explica por qué tantos honestos oponentes creen que la Anarquía es algo imposible; y también explica por qué algunos compañeros, hastiados de la condición moral presente del pueblo y viendo que la Anarquía no puede llevarse a cabo pronto, ondulan entre un dogmatismo extremo que les ciega a las realidades de la vida y un oportunismo que prácticamente les hace olvidar que son anarquistas y que por la Anarquía han de luchar.

Por supuesto que el triunfo de la Anarquía no puede ser la consecuencia de un milagro; no puede realizarse en contradicción con las leyes del desarrollo (un axioma de la evolución de que nada ocurre sin causa suficiente), y nada puede consumarse sin los medios adecuados.

Si hemos de desear sustituir un gobierno por otro, esto es, imponer nuestros deseos sobre los demás, sólo sería necesario combinar las fuerzas materiales requeridas para resistir a los actuales opresores y ponernos en su lugar.

Pero no queremos esto; queremos la Anarquía, que es una sociedad basada en el libre y voluntario acuerdo — una sociedad en la que nadie puede forzar sus deseos sobre otro y en la que todos pueden hacer lo que les plazca y donde juntos todos contribuirán voluntariamente al bienestar de la comunidad. Pero debido a esto, la Anarquía no habrá triunfado definitiva y universalmente hasta que todos no solamente no quieran ser mandados sino que no quieran mandar; ni tampoco la Anarquía habrá tenido éxito a menos que se haya comprendido las ventajas de la solidaridad y se sepa cómo organizar un plan de vida social en la que ya no habrá más rastros de violencia e imposición.

Y a medida que la conciencia, la determinación, y la capacidad humana se desarrollen continuamente y hallen medios de expresión en la modificación gradual del nuevo entorno y en la realización de los deseos según la proporción en que se formen y se tornen imperiosos, así es también con la Anarquía; la Anarquía no puede llegar si no es poco a poco, — lento, pero seguro, creciendo en intensidad y extensión.

Por ende, el tema no es si es que logramos la Anarquía hoy, mañana, o en diez siglos más, sino que caminemos hacia la Anarquía hoy, mañana, y siempre.

La Anarquía es la abolición de la explotación y la opresión del humano por el humano, es decir, la abolición de la propiedad privada y el gobierno; la Anarquía es la destrucción de la miseria, de las supersticiones, del odio. Por lo tanto, cada golpe a las instituciones de la propiedad privada y el gobierno, toda exaltación de la conciencia humana, toda irrupción de las condiciones presentes, toda mentira desenmascarada, todo asunto de la actividad humana que le sea despojado al control de las autoridades, todo aumento del espíritu de solidaridad y de iniciativa, es un paso hacia la Anarquía.

El problema está en saber escoger la ruta que realmente se acerca a la realización del ideal y en no confundir el progreso real con reformas hipócritas. Pues con el pretexto de obtener mejorías inmediatas, estas falsas reformas tienden a distraer a las masas de la lucha contra la autoridad y el capitalismo; sirven para paralizar sus acciones y les hace tener esperanzas en que algo puede lograrse por medio de la amabilidad de los explotadores y de los gobiernos. El problema está en saber usar el poco poder que tenemos —que sigamos logrando, en el modo más económico, más prestigio para nuestra meta.

malates3Hay en cada país un gobierno que, con la fuerza bruta, impone sus leyes sobre todos; obliga a todos a someterse a la explotación y a mantener, ya sea así lo quieran o no, las instituciones existentes. Prohíbe a los grupos minoritarios impulsar sus ideas, e impide que las organizaciones sociales en general se modifiquen a sí mismas de acuerdo a, y con, las modificaciones de la opinión pública. El curso normal y pacífico de la evolución es frenado con la violencia, y por ende con violencia es necesario reabrir ese curso. Es por esta razón que queremos una revolución violenta hoy; y hemos de quererla siempre — mientras la humanidad esté sometida a la imposición de asuntos contrarios a sus deseos naturales. Retiren la violencia gubernamental y la nuestra no tendrá razón de existir.

No podemos aún derribar el gobierno prevalente; quizás mañana desde las ruinas del gobierno presente no podamos prevenir el surgimiento de otro similar. Pero esto no nos impide, ni lo hará mañana, resistir toda forma de autoridad, negándonos siempre a someternos a sus leyes toda vez posible, y usando constantemente la fuerza para oponernos a la fuerza.

Todo debilitamiento de todo tipo de autoridad, todo incremento de libertad será un progreso hacia la Anarquía; ha de ser siempre conquistada — nunca solicitada; debe siempre hacernos considerar al Estado como un enemigo con el que nunca debemos hacer la paz; debe siempre hacernos recordar bien que la disminución de los males producidos por el gobierno consiste en la disminución de sus atributos y poderes, no en el incremento del número de dominadores o en que sean elegidos por los dominados. Con gobierno nos referimos a toda persona o grupo de personas en el Estado, país, comunidad, o asociación que tiene el derecho a hacer leyes e infligirlas sobre quienes no las desean.

No podemos aún abolir la propiedad privada; no podemos regular los medios de producción, lo que es necesario para trabajar libremente; quizás no seamos capaces de hacerlo en el siguiente movimiento insurreccional.

Pero esto no nos previene ahora, ni lo hará en el futuro, de continuar o poniéndonos al capitalismo o a cualquier otra forma de despotismo. Y cada victoria, por pequeña que sea, obtenida por los trabajadores contra sus  explotadores, cada disminución del lucro, cada poco de riqueza tomada de los propietarios y puesta a disposición de todos, ha de ser un progreso — un paso adelante hacia la Anarquía. Debe siempre servir a aumentar los derechos de los trabajadores y a intensificar la lucha; debe siempre ser aceptada como una victoria sobre un enemigo y no como una concesión por la que debamos estar agradecidos; debemos siempre permanecer firmes en nuestra resolución a tomar con fuerza, tan pronto como sea posible, aquellos medios que los propietarios privados, protegidos por el gobierno, han robado a los trabajadores.

Habiendo desaparecido el derecho a la fuerza, habiendo sido puestos los medios de producción bajo el manejo de quienes quieran producir, el resto debe ser fruto de una evolución pacífica.

No sería la Anarquía, aún, o lo sería sólo para aquellos pocos que la desean, y sólo en aquellas cosas que pueden lograr sin la cooperación de los  no-anarquistas. Esto no significa necesariamente que el ideal de la Anarquía progresará poco o nada, pues poco a poco sus ideas se extenderán a más personas y a más cosas hasta que haya abarcado a toda la humanidad y a todas las manifestaciones de la vida.

Habiendo derribado al gobierno y a todas las peligrosas instituciones existentes que éste defiende con la fuerza, habiendo conquistado la libertad completa para todos y con ella el derecho a los medios de producción, sin los cuales la libertad sería una mentira, mientras luchamos por llegar a ese momento, no pretendemos destruir aquellas cosas que poco a poco reconstruiremos.

Por ejemplo, funciona en la sociedad presente el servicio de suministro de alimentos. Esto se hace muy mal, caóticamente, con gran pérdida de energía y material y con intereses capitalistas en vista; pero después de todo, de un modo u otro debemos comer. Sería absurdo querer desorganizar el sistema de producción y distribución de alimentos a menos que podamos sustituirlo por algo mejor o más justo.

Existe el servicio postal. Tenemos miles de críticas que hacer, pero por mientras lo usamos para enviar nuestras cartas, y seguiremos usándolo, sufriendo todas sus fallas, hasta que seamos capaces de corregirlo o reemplazarlo.

Hay escuelas, pero tan mal que funcionan. Pero no por esto dejamos que nuestros niños permanezcan en la ignorancia — rehusándonos a que aprendan a leer y escribir. Mientras tanto esperamos y luchamos por un momento en que seamos capaces de organizar un sistema de escuelas modelo para acomodarlos a todos.

De esto podemos ver que, para llegar a la Anarquía, la fuerza material uno es lo único para hacer una revolución; es esencial que los trabajadores, agrupados de acuerdo a las diversas ramas de producción, se pongan en una posición que asegure el apropiado funcionamiento de su vida social — sin la asistencia o la necesidad de capitalistas ni gobiernos.

Y vemos además que los ideales anarquistas están lejos de entrar en contradicción, como claman los “socialistas científicos”, con las leyes de la evolución enunciadas por la ciencia; son éstos una concepción que se adecua a estas leyes perfectamente; son el sistema experimental traído desde el campo de la investigación al de la realización social.

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2 pensamientos en “Hacia la anarquía, Errico Malatesta

  1. Estoy de acuerdo con casi todo lo expresado. También pienso que los anarquistas deberían juntarse y en cualquier lugar del mundo se debería mostrar y poner en práctica una comunidad que viva y funcione evadiendo en todo lo que sea posible sin utilizar la violencia (hasta lo último y si se pudiera no utilizar mejor aunque es algo pracricamente imposible cuando nos metemos contra los grandes capitales) una sociedad modelo que muestre como se puede vivir sin opresión ni coacción ni instituciones tradicionales, etc.

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