Si el ‘feminismo blanco’ existe, la ideología de identidad de género lo encarna

feminista radical

Optar por entrar o salir de la opresión basada en el sexo es algo que solo los más privilegiados creen que pueden hacer.

 

Por RAQUEL ROSARIO SÁNCHEZ.

Nota Grupo Anarquista La Boina: Compartimos el siguiente articulo, publicado en el Facebook de Feminismo radical U de Chile, el cual nos ayudará a entender el debate entre feminismo radical y el transactivismo. El cual mencionamos que no tomamos partido, pero que sin embargo resulta interesante leer, las distintas posturas para fortalecer los argumentos y las posiciones. Si algún transactivista encuentra un texto que responda a las feministas radicales, gustosamente compartiremos el texto. 

Cuando estaba en postgrado, tuve un acalorado debate con un compañero de clase que insistía en que el “feminismo blanco” era un serio problema en el movimiento de mujeres.

El hombre (que era blanco y de los Estados Unidos) discutía que, el “feminismo blanco” significaba que el movimiento de mujeres estaba centrado en las vidas y experiencias de solo una minoría selecta – mujeres blancas privilegiadas en los Estados Unidos que se mueven principalmente en círculos académicos – “durante la mayor parte de su historia”.

Le dije que pensaba que el término funcionaba como una herramienta para descartar a las feministas de segunda ola, glorificar la (muy problemática) tercera ola, y alentar las discusiones/luchas internas entre feministas, creando divisiones en un movimiento donde la lucha colectiva es crucial. Su afirmación se contradecía con las bases del movimiento con el que crecí en República Dominicana, el cual obviamente no estaba dirigido por mujeres de los Estados Unidos (y ciertamente no por mujeres blancas de clase alta o académicas). Hay problemas legítimos con el feminismo en mi país, particularmente en torno a la diferencia de clase, pero hay mucha más solidaridad que animosidad, y el feminismo dominicano ha sido consistente en abordar las luchas de mujeres rurales, trabajadoras e inmigrantes.
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Notablemente, durante mi tiempo como inmigrante en los Estados Unidos, la mayoría de la gente que se quejaba acerca de lo que ellos llamaban “feminismo blanco” eran blancos. Me sentí tokenizada; me querían como una mujer dominicana de color, para validarlos a ellos y a su feminismo. Comencé a sospechar de todas las personas blancas que usaban el término. Criticar el “feminismo blanco” parecía ser una forma de las personas blancas para mostrarse como diferentes, mejores personas blancas – como geniales, feministas “interseccionales” que sólo parecen ser blancos.

Ahora que estoy de vuelta en República Dominicana haciendo trabajo en un refugio, creo que mi amigo de postgrado tenía razón acerca de una cosa: el feminismo blanco es real. Está encarnado por la ideología de identidad de género.

La tendencia actual entre los de la tercera ola, así como entre los progresistas, es debatir que podemos ignorar si las personas nacieron hombres o mujeres y en su lugar usar lenguaje como “genderfluid”, “multi-gender” o “genderqueer.” Pero hay un espacio enorme entre este lenguaje – popularizado dentro de las salas de clases de los Estudios de Género en el occidente – y la realidad de mujeres marginadas en países como el mio.

He estado pensando acerca de lo que significa identidad de género en el contexto del Globo Sur (países tercer mundo). ¿Qué significa identidad de género para mujeres y niñas que se parecen a mi? ¿Qué significa para mujeres y niñas dominicanas que son marginadas no sólo por su sexo sino por la pobreza, la raza y la xenofobia?

Recientemente, la República Dominicana ha estado debatiendo si aceptar o no, ilegalizar el matrimonio infantil. El país tiene la tasa más alta de matrimonio infantil en la región de Latinoamérica y el Caribe. Según una encuesta del 2014, el 37% de las mujeres que están entre los 20 y 49 años de edad se casaron (o están en matrimonio de derecho consuetudinario) antes de tener 18 años. La encuesta también muestra que una de cinco niñas entre 15 y 19 están en una relación con un hombre quién a lo menos es 10 años mayor. Hay una fuerte correlación entre matrimonio infantil y el embarazo adolescente, que puede resultar en peligrosas complicaciones de salud para las niñas, como septicemia (envenenamiento de la sangre), distocia (trabajo de parto difícil o anormal), y presión arterial alta. De hecho, el embarazo adolescente es la causa número uno de muerte para chicas adolescentes en todo el mundo. Esto es angustiante porque en la República Dominicana se prohíbe todo tipo de aborto, incluso en los casos donde la vida de la madre está en peligro.

Plan International, una organización de derechos de los niños, publicó un estudio en marzo, investigando el matrimonio infantil en la parte sur de la isla del Caribe. Ellos entrevistaron hombres casados con chicas menores de edad, así como las chicas que “eligieron” esos matrimonios. Casi el 40 por ciento de los hombres entrevistados dijeron que preferían chicas jóvenes porque eranmás obedientes y fáciles de controlar.” El estudio también reveló que muchas chicas se casaban con hombres mayores teniendo la esperanza de escapar de la violencia familiar y la pobreza, pero luego la violencia venía de estos hombres una vez que estaban casados. Una chica de 15 años que fue entrevistada para el estudio dijo:

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Me casé porque necesitaba escapar de mi casa. Me estaban golpeando. Usaban palos. No estaban dispuestos a confiar en mí. Un día dije: “No quiero vivir así nunca más.” En casa, había muchas peleas, un día en frente de todos, me golpearon, en la mitad de la calle. Así, empecé trabajando en una casa. Tenía 11 años. Fue incluso peor ahí, la violencia aumentó. Tenía que hacer todas las tareas, incluyendo lavar toda la ropa a mano. No querían siquiera dejarme ir al colegio y nunca me pagaban pues decían que ya me daban comida. Estaba sufriendo un montón. Me sentía aprisionada, ni siquiera podía ir al parque. Quería casarme para dejar todo eso. Pensaba que si me casaba iba a estar en una casa tranquila, que podría comer, dormir y salir. No sabía que sería así, como otro infierno.

En la República Dominicana, no se espera que los niños limpien o ayuden a criar a sus hermanos -eso es responsabilidad de las niñas. Previo al matrimonio, 78% de las niñas que participaron en el estudio del Plan International dijeron que fueron puestas a cargo de hacer las tareas domésticas como limpiar y cuidar a sus hermanos menores. Cuando se le preguntó a las niñas qué significaba ser mujer dijeron que significaba ser madre y esposa.

La escritora Caridad Araujo señala que:

La mitad de las mujeres en América Latina que están en sus [años de productividad] están desempleadas y las que sí tienen un trabajo ganan considerablemente menos que sus compañeros hombres. Para las mujeres en Latinoamérica y el Caribe, la brecha salarial se vuelve más exacerbada durante los años de más fertilidad.

Esto es porque existe una expectativa de que las mujeres son inherentemente criadoras. Ser forzadas a la posición de cuidadoras se traduce en que las mujeres tengan menos ahorros, sean menos promovidas y que acumulen menos dinero para sus pensiones.

Pero las políticas de identidad de género reducen esta realidad -y la condición misma de ser mujer- a una identidad trivial y maleable. Es desconcertante que en un mundo donde mujeres y niñas enfrentan opresión estructural por su biología hayan prosperado políticas de identidad de género.

Susan Cox argumenta que:

La declaración no-binaria es una cachetada en la cara a todas las mujeres que, si no se han declarado como ‘genderqueer’, supuestamente poseen una esencia interna perfectamente en línea con la parodia misógina del ser mujer creada por el patriarcado.”

Hay una crueldad retorcida y neoliberal en argumentar que el problema primario con el género es su impacto sobre las identidades elegidas de ciertos individuos , y no en la manera en que opera de forma sistemática bajo el patriarcado para normalizar e incentivar la violencia masculina y la subordinación femenina.

Cuando son confrontadas con la evidencia de que, histórica y globalmente, la opresión de la mujeres está basada en el sexo, las políticas de identidad de género simplemente alegan que el sexo es en sí mismo un constructo social “inventado”.

[Tweets de Riley J. Dennis, transactivista queer]

genitales, gónadas, hormonas, cromosomas, características sexuales secundarias -estas cosas son reales y existen en la gente”, “PERO masculino/femenino como dos categorías distintivas es un sistema construido. El sexo biológico es una clasificación que inventamos. Estas no son inherentes en la naturaleza.

En un artículo en Quartz, Jeremy Colangelo escribe:

Sexo y género son mucho más complejos y matizados de lo que la gente haResultado de imagen para trans genero creído por mucho tiempo. Definir el sexo como un binario es tratarlo como interruptor de luz: prendido o apagado. Pero en realidad es mucho más semejante a un regulador de luz, estando mucha gente en algún lugar entre lo masculino y lo femenino genética, fisiológica y/o mentalmente. Para reflejar esto, los científicos ahora describen el sexo como un espectro. A pesar de la evidencia, la gente se aferra a la idea de que el sexo es binario porque es la explicación más fácil de creer. Sigue los mensajes que vemos en avisos de publicidad, películas, libros, música -básicamente en todas partes. A la gente le gusta las cosas familiares, y el binario es familiar (especialmente si eres una persona cisgénero que nunca ha tenido que lidiar con problemas de identidad sexual).”

Pero las feministas no argumentan que el sexo es real porque es “la explicación más fácil de creer” o por lo que nos dicen los medios. Argumentamos que el sexo es real porque desde el momento en que un ultrasonido revela que un bebé es hembra, su subyugación comienza. Y a pesar de que la “identidad de género” es presentada como un asunto que debe enfrentar el feminismo, está, como Rebecca Reilly-Cooper explica, en completo desacuerdo con el análisis feminista del sexo biológico como un eje de opresión:

La subordinación histórica y continuada de las mujeres no ha surgido porque miembras de nuestra especie hayan decidido identificarse con un rol social inferior (y sería un acto indignante de culpabilizar a la víctima el sugerir que ha sido así). Ha emergido como un medio a través del cual los hombres pueden dominar a esa mitad de la especie que es capaz de gestar niños, y explotar su labor sexual y reproductiva. No podemos darle sentido al desarrollo histórico del patriarcado y la existencia continuada de discriminación sexista y misoginia cultural sin reconocer la realidad de la biología femenina y la existencia de una clase de personas biológicamente femeninas.

Lejos de ser fluida, las realidades de la opresión basada en el sexo son estrictas y forzadas a través de violencia -esto es particularmente cierto para las mujeres de color y las mujeres pobres.

Presuntamente, a las mujeres y niñas rumanas que llenan los burdeles de España (seis de diez mujeres prostituidas en España son de Rumania) les gustaría optar por salirse de su género. A Evelyn Hernandez Cruz, la chica de 19 años que acaba de ser sentenciada a 30 años en la cárcel en el Salvador por parir a un feto muerto tras ser haber sido violada repetidamente por un miembro de una pandilla seguramente le gustaría rechazar su estatus de “mujer”. Las niñas de 12 años en Kenya que son vendidas a la prostitución por sus familias, desesperadas por dinero en medio de sequías regionales, probablemente no se identifican con ser intercambiadas como si fueran mercancía. Presuntamente las niñas en Nepal que mueren por mordidas de serpientes y bajas temperaturas en chozas de menstruación se sienten incómodas con las restricciones de su género.

Incluso en los Estados Unidos, la opresión basada en el sexo está mezclada con otras formas de opresión, como la raza. De acuerdo a un reporte del 2017, las mujeres negras están cuatro veces más expuestas a morir por complicaciones relacionadas con el embarazo que las mujeres blancas, y están “doblemente más expuestas a experimentar una complicación que amenace sus vidas durante el parto o el embarazo”. Un estudio conducido por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades muestra que la mitad de los asesinatos de mujeres en los Estados Unidos son cometidos por parejas actuales o previas y que las mujeres negras tienen más probabilidades de morir por homicidio que todas las otras poblaciones. Es justo asumir que esto no es una realidad con que las mujeres se “identifiquen”.

Argumentar que el sexo no es real y que el género es innato o elegido, en lugar de socialmente impuesto, demuestra tanto ignorancia sobre el mundo como una posición de privilegio. De este modo, vemos que la ideología de identidad de género literalmente es “feminismo blanco”: un (así-llamado) feminismo que ignora la realidad material de la gente marginalizada, se centra en los sentimientos e intereses de los más privilegiados, y se presenta a sí mismo como universal. Es un “feminismo” inventado por académicos en los países de Occidente que hace poco para tratar las luchas de aquellas fuera de esos círculos.

Cate Young define el feminismo blanco como:

Un conjunto específico de prácticas feministas de asuntos monotemáticos. no interseccionales y superficiales. Es el feminismo que entendemos como corriente principal: el feminismo obsesionado con el vello corporal, tacones y maquillaje y cambiar tu apellido de casada. El “feminismo blanco” es el feminismo que no comprende el privilegio occidental, o el contexto cultural. Es el feminismo que no considera la raza como un factor en la lucha por la igualdad. El feminismo blanco es cualquier expresión de feminismo teórica o práctica que es anti-interseccional. Es un conjunto de creencias que permite la exclusión de los problemas específicos que afectan a las mujeres de color.

Considerando esta definición, ¿Qué hacemos con un hombre que reclama que el delineador define su “feminidad”, como lo hizo Gabriel Squailia este año en un artículo para Bustle? Él escribe:

“Mis visiones políticas y mi delineador se han vuelto inseparables. Proyectando mi propio sentido de la belleza, sin vergüenza ni dudas, asustando a todos mis oponentes. Mi look era mi armadura y mi arma. Todos los días, mi poder personal ha crecido. La fuerza y seguridad provienen de dibujar líneas en mis párpados y de la visibilidad que le sigue. Mi sentido de mí mismo es personal, particular, idiosincrático. Involucra temas masivos y complejos de identidad y política. Y todo esto se presenta cuando me inclino sobre el espejo, delineando mis ojos perfectamente.”

La ridiculez de Squailia al decir que el maquillaje lo convierte en mujer y que el poder, la fuerza y seguridad están fácilmente disponibles y adquiribles mediante recursos superficiales, se hace aún más evidente cuando es contrastado con la realidad del día a día que enfrentan la mayoría de las mujeres y niñas alrededor del mundo. En su escrito, Squailia admite que la feminidad es algo que se puede poner y quitar como él lo desee:

“Deje de usar cualquier cosa vista como femenina. Ni siquiera he tenido un delineador en 20 años. Y no he dicho nada cuando la gente me toma por un hombre heterosexual cisgénero.”

Pero las mujeres y niñas oprimidas por nacer mujeres no tienen el privilegio de elegir no estar dentro de la feminidad y apropiarse del privilegio masculino de los hombres heterosexuales.

Al patriarcado no le importa si a una mujer no le gusta o no se identifica con su rol de subordinación.

Mucha gente que se considera progresista cree que por hacer alianza con la ideología de identidad de género están demostrando “interseccionalidad”. Pero si realmente les importaran las intersecciones de sexo, raza y clase, ´pondrían al centro a las mujeres y niñas marginalizadas por esos ejes de opresión. En cambio, los progresistas y activistas queer se centran en los hombres que creen que la opresión es algo de lo que puedes entrar y salir libremente. Seguramente, la mayoría de las mujeres alrededor del mundo se ofenderían ante la noción de que la violencia, la injusticia y el sufrimiento son opciones… O de que tienen algo que ver con delineador de ojos.

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