Carta de Severino Di Giovanni a América Scarfo (1928)

Extraído del texto Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia de Osvaldo Bayer.
Capitulo: El anarquista, el amor y la mujer.
Paginas, 111 – 121

di giovanniDomingo, 19 de agosto de 1928. Amiga mía: tengo fiebre en todo mi cuerpo. Tu contacto me ha atestado de todas las dulzuras. Jamás como en estos larguísimos días he ido bebiendo a sorbos los elixires de la vida. Antes, viví las horas intranquilas de Tántalo y ahora, hoy, el hoy eterno que nos ha unido, vivo —sin saciarme— todos los sentidos armoniosos del amor tan caro a un Shelley y a una George Sand. Te dije, en aquel abrazo expansivo cuánto te amaba, y ahora quiero decirte cuánto te amaré. Porque el pan de la mente que sabe materializar todas las idealidades elegidas de la existencia humana, nos será la guía más experta para resolver nuestros problemas; y debo decirte con toda la sinceridad de un amigo, de un amante y de un compañero, que nuestra unión será bella y prolongada, gozosa y plena de todos los sentimientos: grande e infinitamente eterna. Y cuando te hablo de eternidad (todo aquello que el corazón ha querido, gozado y amado, es eterno) quiero aludir a la eternidad del amor. El amor jamás muere. El amor que ha germinado lejos del vicio y del prejuicio es puro, y en su pureza no se puede contaminar. Y lo incontaminado pertenece a la eternidad.

En otro párrafo dice: “quisiera expresarme en tu idioma (ella siempre le escribió en castellano) para cantarte a cada instante la dulce canción de mi alma, hacerte comprender las palpitaciones que golpean fuertemente el corazón, las delicadas figuras de mi pensamiento que excitado por ti no podrá dar jamás el ‘finis’ de su elegía. Pero por otra parte —yo creo que mi amor encuentra su respuesta en ti con toda la pujanza de tu juventud todavía en capullo— me pongo contento de saber que para comprender estas, mis líneas, tengan que ser releídas por ti más de una vez”.

Luego de recomendarle: “tú no tendrás tiempo de escribirme, debes dedicarte al estudio”, termina despidiéndose: “bésame como yo te beso; sabes que pienso en ti siempre, siempre, siempre. Serás el ángel celestial que me acompañe en todas las horas tristes y alegres de esta mi vida de insumiso y rebelde. Contigo, ahora y siempre

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