Entrevista: Sobre anarquismo cristiano

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Sobre anarquismo cristiano:

Entrevista a Alexandre Christoyannopoulos

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Entrevista, traducción y notas a cargo de Pedro García Guirao
Extraído de Erosión, Revista de pensamiento Anarquista N°3, 2013
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ACristoyannopoulosDe origen francés y griego, el Dr. Alexandre Christoyannopoulos creció en Bruselas aunque lleva viviendo en el Reino Unido casi desde 1997. En University of Kent estudió Economía, Relaciones Internacionales y Estudios Europeos, y por último, Ciencias Políticas y Religión. Comenzó a trabajar en University of Kent y en Canterbury Christ Church University. Desde septiembre de 2010 es profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Loughborough University. Ha publicado Christian Anarchism: A Political Commentary on the Gospel (2010); en 2014 aparecerá su Leo Tolstoy’s Political Thought. Y ha editado un tercero: Religious Anarchism: New Perspectives (2009). Entre sus artículos destacan: “Jesus Christ against the Westphalian Leviathans: A Christian Anarchist Critique of Our Coercive, Idolatrous and Unchristian International Order”; “Leo Tolstoy on the State: A Detailed Picture of Tolstoy’s Denunciation of State Violence and Deception”; “Turning the Other Cheek to Terrorism: Reflections on the Contemporary Significance of Leo Tolstoy’s Exegesis of the Sermon on the Mount” y “Love, Justice, and Social Eschatology.” Si deseas conocer más acerca del trabajo del Dr. Alexandre Christoyannopoulos puede visitarse su página web: http://www.lboro.ac.uk/departments/phir/staff/alex-christoyannopoulos.html

– Para empezar, a la luz de su polifacética formación académica, ¿de dónde le viene el interés por el estudio del anarquismo religioso?

Christoyannopoulos: Pues me llegó de manera gradual. Mis estudios universitarios me abrieron la mente a perspectivas más críticas sobre cuestiones políticas y, al mismo tiempo, comencé a interesarme por el fenómeno de la religión. Cuando empecé mi doctorado, en un primer momento quería estudiar la relación entre la religión y las estructuras políticas, por ejemplo, ¿tienen los países católicos una mayor tendencia a la centralización? O ¿muestran los taoístas una mayor tendencia a ser anarquistas? Y preguntas de ese tipo.

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Anarquismo y el evangelio: Jesús, el Estado, el Capital y Dios.

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Por Fray Desquicio (Corresponsal Vaticano) Colaboración

Extraído del El Surco N° 36-37, Junio-Julio 2012

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“Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista” (S. Faure)

¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división” (Lucas 12, 49-53),

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   El platonismo judeocristiano valora las acciones humanas por poseer un carácter bondadoso que las acompañe, mejor aún cuando es un bien supremo que calma la conciencia hasta de un tirano. En este sentido la figura de Jesús ha sido útil para las justificar las empresas de los hombres, correspondiendo a la necesidad de ser buenos, de estar convencidos de una especie de elección sobrenatural que permita el saciar cualquier ambición terrenal. No es casual que quienes se enriquecen groseramente a costa de las masas empobrecidas, de los oprimidos, sean familias moralmente ortodoxas, fundadas en ‘valores sublimes’. Son las mismas que hacen de Cristo el modelo de piedad, garante de recta intención en la alta sociedad, en que se articula el catolicismo institucional (educativo, cultural, religioso, política, económico, ejecutivo, recreativo).

Esto provoca que creyentes y no-creyentes sintamos real fastidio hacia ese ‘Cristo lava conciencias’, sostén de la moral Oligarca, y nos convoca a hacerle frente desde su misma (teo) lógica: Jesús es además un acontecimiento histórico que podemos investigar y re-descubrir. Porque la historia es más que ‘conservar’ vestigios arqueológicos de un pasado que nos llena de ego científico, la historia se hace con lo acontecido y se proyecta desde el presente, luego, la figura de Jesús continúa en discusión y disputa. La teología tradicional, institución funcional a los linajes aristócratas, debe ser importunada en su apropiación-ocultamiento de la figura de Jesús, pues representa la invención de un Cristo condescendientemente pasivo frente al egoísmo, la codicia y el lucro de las clases dominantes.

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De modo que el objetivo de este artículo es reseñar una crítica sobre la historia de este controvertido judío y su manoseado mensaje, intuyendo que la lectura anarquista de Jesús de Nazaret es más objetiva, más próxima a su identidad y menos sometida al control magisterial de la Iglesia Católica. Ahora bien, ¿Tiene notas y textos anarquistas el evangelio? Sigue leyendo

El Cristo Anarquista

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Escrito por José Martínez Ruiz.
Titulo original: “El Verdadero Cristo”
Publicado en La voz del Pueblo, N° 3. Tarrasa, 1910.
Extraído de El Sol Acrata

Cristo descendió de su cruz y dijo a los creyentes que oraban de rodillasjesus anarquista ante él: – Hijos míos, sois unos imbéciles. Hace diecinueve siglos que predije la paz, y la paz no se ha hecho. Predije el amor y continúa la guerra entre vosotros; abominé de los bienes terrenos y os afanáis por amontonar riquezas. Dije que todos sois hermanos y os tratáis como enemigos.

Hay entre vosotros tiranos y hay gentes que se dedican a esclavizar. Los primeros son malvados; los segundos, idiotas. Sin la pasividad de éstos, no existirían aquéllos. Grande es la crueldad de los unos; mayor la resignación de los otros.

¿Por qué sufrir en silencio cuando se tiene la fuerza del número… del derecho? No fue éste el espíritu de mis predicaciones; vosotros, los republicanos de la religión, la habéis falseado. Yo vi el origen del mal en la autoridad y en su órgano el Estado, y por eso me persiguieron. Desconocí el poder de los Césares, como atentatorio a la libertad humana, y por eso perecí en la cruz.

Uno de mis más amados discípulos, Ernesto Renan, ha dicho que yo fui un anarquista. Si ser anarquista es ser partidario del amor universal, destructor de todo poder, persiguiendo toda ley, declaro que fui anarquista.

No quiero que unos hombres gobiernen a otros hombres; quiero que todos seáis iguales. No quiero que trabajen unos y que otros, en la holganza, consuman lo producido; quiero que trabajéis todos. No quiero que hay Estados ni Códigos, ni ejércitos, ni propiedad, ni familia; que todos os tengáis tan grande amor que no necesitéis ni verdugos ni jueces; que miréis como hijos vuestros a todos los niños y como esposas a todas las mujeres; que seáis una gran familia, sana y laboriosa.

¿Por qué no lo hacéis así, hijos míos? ¿Por qué sois tan malvados que os complacéis en destrozaros? La tierra es grande y fecunda; los campos producen lo necesario para que todos viváis; la mecánica ha llegado a tan maravilloso grado de perfección que aplicando sus descubrimientos y los de la higiene a las fábricas y a las minas, el trabajo trocaríase de penosa tarea en alegre entretenimiento. Entonces trabajaríais todos como todos tenéis gusto de disfrutar los placeres de un deporte, y en tres horas de ese trabajo alegre y voluntario recibiríais los múltiples menesteres de la vida social, que hoy reciben unos cuantos. No habría entonces ni explotadores ni explotados, no habría señores ni vasallos, no habría monarcas y súbditos. Con la propiedad desaparecería la sed de la riqueza, el afán del lucro, la eterna rivalidad entre los pueblos, el asesinato lento en el taller insalubre de millones de hombres.

No padecería la mujer, sin la autoridad del esposo, la tiranía que al presente padece. No sería el amor fórmula hipócrita sancionada por la Iglesia o el Estado; sería pasión espontánea o voluntaria. No sería esclavitud de la mujer al hombre, porque tan libre y dueña de la tierra como aquél sería ésta, y para nada tendría que preocuparse del porvenir de los hijos; no cometería tampoco nadie la ligereza de jurar amor eterno, como si el amor dependiese de la voluntad y de él se pudiese responder libremente.

No habría naciones diferentes; los ríos y las montañas no servirían de barrera para que los hombres dejasen de ser hermanos, las fronteras que hoy separan los pueblos no serían motivo para que se hiciesen cruda guerra. Lo que hoy reputáis injusto para unos y justo para otros, sería igualmente dañoso para todos. El asesinato sería un crimen y lo sería también la guerra; sería condenable la mentira de que usáis en los tratos de pueblo a pueblo, tanto como hoy es aplaudida. La moral sería la misma para todos y no se alteraría su esencia ni su forma con la diversidad de razas y de países.

No cometeríamos la inhumanidad de encerrar al delincuente en una prisión, como si con ello pudierais enmendar la falta que es imputable a vosotros y no a él. Al desgraciado que realizase un acto inmoral le trataríais como a un enfermo, y no agravaríais su mal privándole de la libertad, don el más preciado entre los hombres. Si desaparecieran las causas del crimen, ¿no desaparecería el criminal? ¿Habría rapiñas sin propiedad? ¿Habría celos sin el monopolio de una mujer? ¿Habría rencillas por el poder sin el poder?

Hijos míos, ¿por qué sois tan imbéciles? ¿Por qué sois tiranos los unos y resignados los otros? Sacudid el yugo los que sufrís la tiranía; destruid la opresión los que vivís esclavizados. Con vosotros, los obreros, está la fuerza, vosotros sois el mayor número. Si agonizáis en las fábricas es porque no tenéis la entereza de hacer saber vuestro derecho.

Levántate, levántate, hijo mío. No es de los tiempos que corren la oración; no es esta época de lucha la resignación mística. Me habéis injuriado gravemente, habéis disfrazado mis doctrinas. No legitiméis con mi nombre la explotación. Los que mantienen gobiernos y soldados no son mis discípulos.

¡Levántate y lucha!